Inundaciones: hay que reactivar el campo para ayudar a la ciudad

Tener la provincia con más de 2.000.000 de hectáreas inundadas, su ciudad capital arrasada por las aguas y un sinnúmero de comprovincianos condenados a la nada no es gratificante ni halagüeño para nuestra gente ni para nuestra provincia.

02deJuniode2003a las08:23

Por Angel Girardi (*)
Columnista de Ámbito Financiero


Tener la provincia con más de 2.000.000 de hectáreas inundadas, su ciudad capital arrasada por las aguas y un sinnúmero de comprovincianos condenados a la nada no es gratificante ni halagüeño para nuestra gente ni para nuestra provincia. Este desastre meteorológico que la convirtió en una verdadera catástrofe en su región centro norte merece algunas reflexiones, vayan ellas en sentido constructivo. No es éste el momento de denunciar; es el de solucionar. Las obras de infraestructura deben hacerse y planificarse a años vista, no en la urgencia; eso lleva a errores que en lugar de dar soluciones multiplican los problemas a futuro.

Es prioritario y fundamental trabajar en comunión y conexión permanente con la Dirección Provincia de Hidráulica y Vialidad Provincial. No puede haber divisiones en el nivel provincia en hidráulica. Esta debe ser una sola. Hoy en la parte norte está el CFI y en el sur la Dirección de Hidráulica.

El contribuyente debe tener una sola sintonía; el cambio de frecuencia, a veces produce desencuentros.

Debe cumplirse el principio hidráulico universal: comenzar las canalizaciones aguas abajo; esto no siempre se cumple, por presiones comunales, distritales, particulares, etcétera.

Acá se debe ser firme y contundente, el infractor debe ser severamente penalizado con sanciones económicas que resulten el doble de lo que se ocasiona; por ejemplo, si inunda una hectárea donde se produce maíz, tomando una media de rendimiento de 70 qq/ha, debería indemnizar al vecino con 140 qq de maíz por hectárea, más el restablecimiento a su costo de la situación anterior a la que se encontraba a priori de la infracción.

Todas las obras hidráulicas sin excepción deben tener autorización para realizarse; hoy en día vemos lamentablemente que esto no es así. Es inaudito que empresas particulares estén trabajando sin ton ni son, a capricho de quien las contrata, sin ninguna planificación oficial.

• Desmanejo

Si repasamos y contamos los canales y obras clandestinas, veremos que éstos multiplican con creces a los autorizados y planificados. La siembra de las banquinas y la colocación al azar de tubos alcantarillas dificultan el manejo del excedente hídrico. Este desmanejo, este irraciocinio, se paga. El uso indiscriminado del suelo, la tala irracional, el monocultivo de soja. La Argentina tiene, desgraciadamente, la mayor proporción de su suelo en monocultivo de soja; Santa Fe no es la excepción.

Esto genera una pérdida de estructura que no se resuelve con fertilización. Se soluciona con rotaciones con pasturas y de cultivos.

La AFIP hace bien en controlar en forma satelital qué se siembra y cuánto se cosecha. Pero debería utilizar este valioso elemento para premiar a quienes hacen rotaciones con impuestos diferenciales y sustancialmente más bajos por conservar el capital suelo.

Desgraciadamente están sufriendo esta inundación más que nadie los que menos tienen. Ellos están asentados en los alrededores de lo que fue la ciudad original.

Es prioritario reactivar el campo con rutas, escuelas, electricidad, alambrados; poblarlo y trabajarlo racionalmente, así muchas personas no tendrán necesidad de salir expulsadas y buscar como medio de sobrevivir desplazarse a la ciudad. Santa Fe, su gente, su historia y geografía merecen y deben seguir vivas en plenitud.

La forma de bota de nuestra provincia no es un capricho de la cartografía: es una consecuencia de su fortaleza y potencial. Si nos ponemos todos juntos tras el ideal de obrar con prudencia, pensando en la comunid

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