No ceden las trabas para la exportación

La burocracia dificulta las operaciones

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17deJuniode2003a las08:29

Brasil no permite acceder a las bases de datos de importación
No hay homologación de normas entre ambos países
Instalar un negocio en Brasil demanda US$ 100.000 como mínimo

SAN PABLO (De nuestro corresponsal).- El argentino Gustavo Segré conoce el Mercosur en la práctica, por ser el presidente de Center Group, una compañía con base en San Pablo que instaló más de cuarenta empresas argentinas en Brasil, que exportan e importan diariamente dentro del bloque.

En el día tras día del intercambio comercial, dice Segré, las declaraciones de amor a la integración regional por parte de los presidentes de turno no sirven de mucho.

Por ejemplo, cuando los exportadores argentinos quieren saber qué productos importa Brasil, de qué origen y a qué precio, para realizar un estudio de mercado y analizar si sus productos tienen algún lugar en esta plaza, descubren que el socio mayor del Mercosur mantiene esos datos en secreto. "En cambio, en la Argentina las bases de datos están abiertas a todos los empresarios locales y extranjeros", explicó Segré.

Por otro lado, existen productos alimenticios argentinos que, estando registrados en la Argentina, cuando son vendidos a Brasil tienen que ser registrados nuevamente, con los costos y la pérdida de tiempo adicional que esta medida implica. La homologación de normas, en ese caso, pena por su ausencia.

Apertura de una oficina

¿Usted desea abrir una oficina comercial en Brasil para vigilar de cerca sus operaciones y aceitar las relaciones con proveedores y clientes? Para instalar un negocio en el país vecino es necesario invertir como mínimo 100.000 dólares. Si no, el inversor no obtiene la residencia para hacer funcionar el negocio, es decir, no puede ni firmar cheques. La idea de reducir ese monto ya circuló en las reuniones del Mercosur infinidad de veces, pero hasta ahora nunca se concretó. La burocracia continúa, después de años de integración, siendo la mayor de las barreras.

Por ejemplo, según Segré, son diez certificados, autorizaciones y comprobantes los exigidos por Brasil para importar un producto químico de la Argentina. Cuando llegan, pasan por cuatro organismos hasta recibir una aprobación, lo que no ocurre siempre.

Empresarios que sufren doble tributación -pagan impuestos en los dos países-, productos que se echan a perder en las fronteras porque el exportador no conocía la última medida burocrática anunciada para ingresarlo, o trámites interminables para casi todo son una constante en el Mercosur retórico.

"Se hablaba mucho y se hacía poco", como definió el presidente Néstor Kirchner, la semana pasada, en su encuentro con Luiz Inacio Lula da Silva. Llegó la hora del Mercosur práctico.

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