Con el libreto aprendido

Kirchner y Lavagna, así como Köhler, ya han perfilado el discurso para las reuniones del lunes y martes. La clave es el grado de flexibilidad que aceptará el FMI a la hora de generar superávit y pagar la deuda.

23deJuniode2003a las08:22

Por Juan Turello De nuestra Redacción
jturello@lavozdelinterior.com.ar


La gran recesión quedó atrás, proclama un estudio sobre los ciclos económicos realizado por la Universidad Nacional de Tucumán. El trabajo –dirigido por el economista Juan Mario Jorrat– revela que duró 47 meses (entre agosto de 1998 y julio de 2002), el período más largo de los últimos 33 años. En ese lapso, la economía se desplomó 21,1 por ciento, es decir, el nivel de actividad era hasta hace un año un quinto menos que en 1998.

Semejante derrumbe, revela porqué el Gobierno celebró que en el primer trimestre de este año el producto interno bruto (PIB) creciera 5,4 por ciento en relación con igual período de 2002. Para el segundo trimestre, se espera una suba de entre dos y tres por ciento. La duda es qué sucederá a partir del segundo semestre, que ya está en la agenda de las preguntas difíciles que se hacen los analistas y las empresas.

La industria –que con la sustitución de importaciones fue la gran responsable de la recuperación del último año– está dando señales de que la actividad se “amesetó”. La producción cayó en abril (0,8 por ciento) y en mayo (1,1 por ciento) en relación con los meses anteriores.

Rodolfo Banchio, presidente de la Unión Industrial de Córdoba, da fe de esos datos, pero señala que la situación no es igual para todos los sectores. Los más dinámicos siguen siendo los que están vinculados con la actividad agropecuaria (maquinaria, agroalimentos y transportes), mientras que la recuperación se frenó en los cautivos del mercado interno, por un agotamiento de la demanda (el nivel de consumo está acotado por los bajos ingresos) e, incluso, por una mayor competencia de los productos importados.

El peso vale hoy casi lo mismo que el real, pero los brasileños tienen una mejor estructura de costos, por lo que en algunos rubros –zapatos, por caso– han vuelto a vender sus productos en el mercado interno.

Banchio, al igual que todos, pide reglas de juego claras y permanentes. Y afirma que el principal problema sigue siendo la financiación: no hay crédito bancario y el comercial (que permite la evolución diaria) se restringió al mínimo, asegura.

Por rara paradoja, los bancos tienen mucha liquidez. “Con 6.000 millones de pesos colocados en Lebac y unos 9.500 millones por sobreintegración de efectivos mínimos, los bancos tienen plata para prestar, pero no lo harán hasta que se resuelva la compensación con las entidades, la salida del default y la negociación con el FMI”, se sincera ante La Voz del Interior el gerente de un banco local.

Ayer, desde España, Emilio Botín, titular del poderoso grupo Banco Santander Central Hispano (BSCH), que en la Argentina controla Banco Río, abonó esos argumentos. Botín dijo que “entre las decisiones inaplazables” deberían estar “las compensaciones pendientes”.

El tema está en el Congreso y es muy difícil que sus miembros –que estigmatizaron a los bancos como el demonio de la crisis– lo aprueben antes de las elecciones de gobernadores y de legisladores, que se harán entre setiembre y octubre.

Llega el jefe

Las respuestas para que la industria transforme la actual recuperación en crecimiento sostenido y para que los bancos vuelvan a dar crédito, forman parte de la dura negociación con el FMI que se abrirá mañana con la llegada del jefe del organismo, Horst Köhler.

Tanto el Fondo como el Gobierno argentino tienen bien estudiado el libreto que expondrán. Köhler sostiene que para que la coyuntura favorable se convierta en “desarrollo sustentable” hace falta definir cuestiones clave, como cuál será el nivel de ingresos y

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