La erosión afecta al 20 % de la Argentina

Unas 60 millones de hectáreas, superficie que equivale a las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, es decir al 20% del territorio argentino, están dañadas por la erosión y se traducen en significativas reducciones de producción, según alertaron científicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta).

07deJuliode2003a las08:21

Unas 60 millones de hectáreas, superficie que equivale a las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, es decir al 20% del territorio argentino, están dañadas por la erosión y se traducen en significativas reducciones de producción, según alertaron científicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta).

"En la actualidad los datos son alarmantes: el 20% del territorio argentino está dañado por la erosión. Y están afectados todos los suelos, incluyendo los mejores", afirmó Roberto Casas, director del Instituto de Suelos del Inta Castelar.

"Esto causa mermas importantes en la productividad de los suelos, lo que impacta negativamente sobre la economía de las explotaciones agropecuarias y del país, ya que los rendimientos disminuyen significativamente: se pierden cerca de 1.000 kilos de trigo, 1.500 kilos de soja y 5.000 kilos de maíz por hectárea en suelos con erosión severa", agregó.

El especialista explicó que "la intensificación de la agricultura durante los últimos 13 años tuvo consecuencias muy serias para los suelos", y detalló que "en la Argentina se pasó de 300 mil hectáreas cultivadas (por el sistema directo) en 1990 a 15 millones en la actualidad. Esto por un lado es un logro para el país".

Pero este salto en la producción pudo darse gracias al sistema de siembra directa. Además, uno de los problemas mayores que detectaron los técnicos del Inta fue la intensificación de monocultivos de soja, que terminan por afectar "severamente los suelos" por no rotar las siembras con otras especies. "La siembra directa se desarrolla con sembradoras especiales, que colocan la semilla sobre un pequeño surco que abre sembradora. Esto implica que toda la cobertura de rastrojo quede sobre el terreno, como una forma de protección contra la erosión hídrica, que era una de las calamidades mayores que tenía la agricultura argentina", explicó Casas.

"De esta forma, no se toca el suelo. Antes los suelos quedaban desnudos y, en las zonas de pendientes, se producía erosión hídrica o, en las zonas más secas, erosión derivada de los vientos", apuntó el científico; quien explicó que "para que sea sustentable en el tiempo el sistema de siembra directa, tiene que haber una buena cobertura de rastrojo, que se la proveen las rotaciones de sembrados".

"Cuando se siembra trigo, soja y maíz o sorgo, la cobertura de rastrojo que brindan estas especies es muy grande y rica para el suelo. Estos rastrojos, por su calidad y composición química, perduran en el tiempo y fortalecen el suelo", indicó. Según el científico "el problema de reemplazar esta rotación de cultivos por el cultivo exclusivo de soja, es que el suelo queda casi desnudo en poco tiempo, en cuatro o cinco años".

"La monocultura sojera -aseguró- llevará, en muy poco tiempo, a que la materia orgánica del suelo tenga un balance negativo, lo que es nefasto para la estabilidad de la estructura y la estabilidad del suelo, porque tiende a compactarse y es menos fértil".


El monocultivo es inviable

"Nuestros estudios indican que la monocultura es inviable en el tiempo, porque se intensificarán los procesos de erosión y degradación del suelo, porque no cuenta con cobertura adecuada", afirmó.

Además, el especialista agregó que "si baja el contenido de materia orgánica en el suelo, implica una baja en su fertilidad".

"Argentina es uno de los principales productores de soja del mundo, y necesita continuar produciendo soja. La soja aporta las proteínas vegetales más imp

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