La gran paradoja

Hay una gran paradoja. El principal sesgo de la diplomacia comercial argentina es la batalla contra el proteccionismo y los subsidios.

14deJuliode2003a las09:01

Héctor A. Huergo. DE LA REDACCION DE CLARIN.

Hay una gran paradoja. El principal sesgo de la diplomacia comercial argentina es la batalla contra el proteccionismo y los subsidios. Martín Redrado, que viene del gobierno de Duhalde, apretó el acelerador esta semana en San Salvador (reunión por el ALCA) reclamando a los EE.UU. por los efectos de su política agrícola sobre las exportaciones argentinas. Redrado acaba de decir que "para mí, la agricultura es lo más importante". Todo esto está muy bien de cara a la conferencia ministerial de Cancún, en setiembre próximo, para la ronda Doha de la OMC.

Pero los negociadores argentinos ya saben que tropiezan con una dificultad de fondo: ¿cómo explicar que los subsidios nos perjudican, si al mismo tiempo la Argentina aplica impuestos a la exportación de sus principales productos agrícolas?. Esto, que parecía una simple chicana de la dirigencia ruralista, se convirtió en una realidad concreta en Bruselas y Ginebra, donde el ahora embajador Jorge Remes Lenicov encabeza la batalla europea. A Remes le tocó la antipática reinstalación de los derechos de exportación, aún a sabiendas de que no son buenos impuestos. Pero en aquel momento las justificó por dos razones: para evitar que el "over shooting" (efecto expansivo del dólar post salida de la convertibilidad) beneficiara en exceso a un sector de la sociedad en detrimento de otros, y para atenuar las inevitables alzas de los alimentos. Pero en realidad su principal efecto fue sobre la recaudación de impuestos.

No se puede discutir que las retenciones le han dado aire a la transición duhaldista, que se encontró con recursos que jamás hubiera logrado sin las exportaciones del campo. El "overshooting" pasó, y el dólar bajó de aquellos 3,80 a los 2,75 actuales (es el nivel al que los exportadores liquidaron esta semana). Pero las retenciones quedaron en el 22% promedio.

Así y todo, el campo tuvo y tiene rentabilidad, ayudado por la mejora de los precios internacionales operada durante todo el año pasado, y por un clima que acompañó bien. Por eso se alcanzaron rindes promedio de maíz de casi 70 quintales a nivel nacional, un récord que remarca también la incorporación de tecnología.

Pero desde hace un mes los precios de los principales productos vienen en caída libre. Se viene una gran cosecha en los EE.UU., donde se forman los precios. Esta semana Chicago se derrumbó al confirmarse que las últimas lluvias disiparon todo resabio de sequía en el corn belt. Esto amenaza los ingresos de la próxima campaña agrícola, porque se juntan tres factores detrimentales: menores precios, tipo de cambio en baja, y persistencia de las retenciones. Los dos primeros son inmanejables. Con las retenciones, en cambio, se podría hacer algo.

"Lo único que hay que hacer es sacarlas", se escucha en el sector. Y tienen razón, sobre todo ante los rumores de que se intentarían bajar unas y no otras, introduciendo factores de distorsión que no harían más que incrementar la seguridad jurídica. Una alternativa más plausible sería convertirlas en un anticipo del impuesto a las ganancias. No es lo ideal, pero ayudaría mucho al sector y al propio gobierno. Se recaudaría, como base, lo mismo y sin costo financiero ni fiscal. Ayudaría a combatir las ventas en negro. Y desaparecería el efecto detrimental sobre el uso de tecnología, que cuesta en dólares de 2,80 (más el 21% de IVA), para obtener productos que se venden con dólar de 2,20 (más 10,5% de IVA). Sólo los productores perderían si no obtuvieran ganancias, porque igual pagaron. Pero esto es difícil que suceda. Pero habría más producción, más fletes, más neumáticos consu

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