Los eslabones, bien tensados

Hace un año, desde el Gobierno de Duhalde se alimentó la teoría de que las empresas exportadoras estaban especulando con el dólar, reteniendo la liquidación de divisas para hacerlo subir. Algunos medios recogían la letra oficial y se instaló el estado de sospecha contra "las cerealeras", desde hace años los malos de la película.

19deJuliode2003a las08:49

Héctor A. Huergo. DE LA REDACCION DE CLARIN
 

Hace un año, desde el Gobierno de Duhalde se alimentó la teoría de que las empresas exportadoras estaban especulando con el dólar, reteniendo la liquidación de divisas para hacerlo subir. Algunos medios recogían la letra oficial y se instaló el estado de sospecha contra "las cerealeras", desde hace años los malos de la película.
 
Al final, estas empresas decidieron dar a conocer día a día sus liquidaciones de dólares, explicando al mismo tiempo que su negocio es comprar granos, procesarlos y exportarlos. Y que para comprar la mercadería no tienen más remedio que traer los dólares y venderlos aquí. En otras palabras, si quieren permanecer en el negocio, no existe eso de "retener las divisas" para hacer subir el dólar. Porque si así actuaran, junto con el dólar subirían los cereales, anulando cualquier posibilidad de ganancia ficticia.
 
 La realidad fue que el dólar bajó (también los precios en pesos de los granos). Y esto fue consecuencia de que hubo una cosecha muy alta, con buenas cotizaciones internacionales. Las plantas aceiteras trabajaron casi a pleno (80% de su capacidad, según dijo Alberto Rodríguez en el Outlook de la SAGPyA, ver pág. 2, 4 y 5).
 
 Esto trajo calma no sólo a la cadena agropecuaria, sino al conjunto de la sociedad. Gracias al buen ritmo de liquidación de divisas, el dólar se planchó y eso contuvo la inflación incipiente. Vía retenciones (1.500 millones de dólares), el gobierno financió los planes sociales. La controvertida pesificación de las deudas favoreció a los productores, aunque dejó muy heridas a las empresas proveedoras de insumos y a las mismas exportadoras, que habían prefinanciado la campaña agrícola atravesada por la devaluación.
 
 Así se llegó a una nueva gran cosecha. La administración Kirchner abreva de esta fuente. Al igual que Duhalde. Y al revés de lo que le ocurrió en 1989 a Alfonsin, que se tuvo que ir porque en el Banco Central no quedaba un sólo dólar. En 1976 le había pasado lo mismo a Isabel Perón, cuando en marzo se encontró con las arcas vacías, sin cosecha y con nueva deuda.
 
 No sólo los dólares fluyen, sino que desde el agro se inició la reactivación. Las ventas de maquinaria agrícola están en niveles altísimos. También de camionetas, que por primera vez se constituyeron en la unidad automotriz más vendida. Nadie tira manteca al techo, pero la reactivación era una realidad. Pero se vuelve a instalar la sospecha sobre el sector, enfocadas de nuevo en un pilar fundamental, que es la exportación. Si el gobierno sospecha de evasión, lo que tiene que hacer es determinarla y castigar a los responsables. Y, sobre todo, prevenirla con inteligencia.
 
 La AFIP sospecha que los exportadores le venden a "empresas fantasma" a precios inferiores a los reales para pagar menos retenciones y ganancias. En realidad, no son empresas fantasma sino las filiales de estas empresas. Así es el negocio de los granos. Pero podemos convenir en que la del gobierno es una sospecha lógica. ¿Cómo se resuelve? Como antes: se fijaban precios índice o de referencia día por día. Cuando se concretaba una operación, se liquidaban las retenciones de acuerdo al precio que anotaba la secretaría de Agricultura (que por otro lado sigue dando a conocer el precio del día).
 
 Pero en luga

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