El temido capitán Frío

El cultivo de trigo en general tiene buena adaptación a las bajas temperaturas. Pero hay cambios que pueden afectar a tejidos en activo crecimiento.

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28deJuliode2003a las08:56

Durante las últimas campañas en lotes de siembra directa con abundante acumulación de rastrojo en superficie, se observó un mayor daño por bajas temperaturas extremas durante la implantación del cultivo de trigo.
 
 Técnicos del INTA Marcos Juárez (como los ingenieros agrónomos Jorge Fraschina, Carlos Bainotti, José Salines y Beatriz Formica del Grupo Mejoramiento de Trigo), en la campaña 2001/2002, pudieron constatar (y su trabajo puede leerse en la sección "Lo importante hoy" de AAPRESID: www.aapresid.org.ar) que frente a una importante acumulación de rastrojo también se dificultó el trabajo de las sembradoras de trigo que dejaron semilla a una profundidad variable y frecuentemente sin el necesario contacto del grano con el suelo, dejándolo entre rastrojo no cortado.
 
 Los daños más fácilmente visibles van desde una leve clorosis con pérdida de turgencia o marchitamiento de hojas completas o solamente en las puntas, hasta alcanzar importantes daños en el área foliar con pérdida de tallos durante el encañado, o aún esterilidad de flores y de espigas completas cuando las heladas ocurren cerca de la floración.
 
 Es difícil fijar umbrales de resistencia al frío, al haber diferencias intervarietales.
 
 La bibliografía señala que se puede decir que son pocas las variedades de trigo que resisten temperaturas inferiores a los 18 øC.
 
 Durante la emergencia y hasta el estado de 2 hojas las plantas de trigo son sensibles a las bajas temperaturas. En ese momento es común observar muerte de plantas pequeñas durante la implantación, pero a medida que comienza el macollaje el cultivo va adquiriendo cada vez más una mayor resistencia.
 
 En el estado de macollaje la bibliografía menciona que un daño importante se produce con una exposición de 2 horas a -11 øC (Shroyer et al. 1995).
 
 Luego con el encañado, comienza un período de sensibilidad creciente que tiene el máximo de susceptibilidad alrededor de floración o antesis con un umbral de -1 øC con una exposición de 2 horas.
 
 En este momento, el mayor efecto se da por la reducción de viabilidad del polen que origina esterilidad de las flores afectadas y que ocurre aún con temperaturas sobre cero (Qian et al. 1986)
 
 El estado fisiológico de la planta tiene incidencia sobre la magnitud del daño. En esto juega un papel importante la exposición previa a bajas temperaturas antes de la ocurrencia de una helada y por supuesto, su duración o tiempo de exposición a las temperaturas extremas.
 
 Trigos en activo crecimiento, en ambientes ricos (fertilizados, con buena humedad, etc), creciendo durante días cálidos, serán mucho más afectados por las heladas de igual intensidad, que los que vienen soportando temperaturas bajas.
 
 Una vez producida una helada, el efecto que produzca esta sobre el rinde depende de la capacidad de compensación del cultivo (órganos afectados, magnitud del daño, etc); El ambiente de producción (humedad, temperatura, nutrientes, etc), luego del daño y a su vez la capacidad de recuperación del cultivo va a estar en función, del momento en que se produce el fenómeno
 
 Las heladas primaverales o tardías, aunque por lo general menos intensas que las invernales, tienen mayor potencial de daño, puesto que el tiempo restante a cosecha es corto y los cultivos afectados tienen menores posibilidades de compensar. 
 

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