Certidumbre para la industria aceitera

Para mantener su actual posición como el mayor proveedor internacional de productos procesados, la Argentina requiere una fuerte actitud en contra de la competencia desleal

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02deAgostode2003a las08:25

La Argentina ha atravesado durante los últimos veinte años cambios de modelos y políticas económicas, con fuertes impactos en la industria. Sin embargo, hay algo que los argentinos, desde los distintos roles públicos y privados, supimos hacer bien: el desarrollo de la cadena oleaginosa y su inserción en el mercado mundial.

Hoy, dentro del concierto de los grandes productores de aceites vegetales y harinas proteicas somos la industria de referencia, y esto ha sido posible por la eficiencia de la cadena productiva de la cual somos parte. Ello nos ha permitido ser el mayor proveedor internacional de productos procesados y contar con el parque industrial más moderno del mundo.

La producción de soja de América del Sur por segundo año consecutivo superó la originada en Estados Unidos. No obstante, los problemas de competencia desleal siguen persistiendo y, de no mediar una fuerte actitud en defensa de los intereses de la cadena oleaginosa, éstos se agravarán.

A nivel multilateral, faltando un mes para la Conferencia Ministerial de Cancún, no prevemos que se produzcan modificaciones sustanciales o progresos en cuanto a recortes de subsidios y ayudas internas.

Tampoco vemos en el ALCA los avances que deberíamos esperar en la creación de una zona de libre comercio regional. Decimos esto porque en la lista de oferta de la gran mayoría de países del hemisferio los aceites han sido excluidos o están puestos en la categoría de máxima sensibilidad. En el ámbito bilateral, tenemos cifradas esperanzas en el Acuerdo que se está gestionando con la India, donde esperamos obtener algún grado de preferencia que nos permita seguir abasteciendo al primer demandante mundial de aceites.

Sin embargo, otros problemas ensombrecen este escenario. En el actual proceso de negociaciones con México vemos con desazón que no sólo los aceites y harinas sino la totalidad de los productos agroalimentarios han sido excluidos de la oferta de ese país. Esas negociaciones no pueden proseguir en estas condiciones porque es un trato absolutamente discriminatorio e inaceptable. Tampoco hemos podido avanzar con nuestro reclamo de llevar a la OMC a Uruguay y Perú por los ilegítimos derechos antidumping con los cuales nos han cerrado la exportación de aceites envasados con una pérdida de divisas importante en productos de alto valor agregado.

Tampoco puedo dejar de referirme a la reglamentación de trazabilidad y etiquetado de productos y derivados de OGM por parte de la Unión Europea. Esta medida, tal como ha sido reglamentada, tiene componentes de discrecionalidad y puede operar como una barrera paraarancelaria.

Búsqueda de consenso

Ello, aunado a cómo se vaya reglamentando el Protocolo de Cartagena, puede llegar a implicar una fuerte elevación de los costos de transacción y dependerá de la fuerza que demuestre el gobierno argentino y de la búsqueda de consenso con los demás países afectados, determinar quién pagará los costos resultantes de etiquetado y manejo de grandes volúmenes de commodities con identidad preservada.

La industria de las oleaginosas argentina, con una amplia inserción en los mercados internacionales no puede de ninguna manera sustraerse a la situación del país. Con un coeficiente de exportación superior al 90% y una extensa red de mercados compuesta por más de 100 países, su actividad depende no sólo de las

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