Chía, lo bueno viene en frasco chico

La chía, un pequeñísimo cereal que provee al organismo humano ácidos grasos omega 3, antioxidantes y fibra, se perfila como un cultivo alternativo para algunas zonas de la provincia.

15deAgostode2003a las08:13

Sin embargo, la potencialidad mayor –en virtud de la estructura industrial agroalimentaria de Córdoba– es la posibilidad de incorporarla como materia prima diferenciada en masas, harinas, snacks, salsas y panificables destinados a nichos de exportación.

“Estamos trabajando en variedades que probablemente en cinco o seis años se puedan producir en Córdoba. Esto es como la soja hace 50 años, que sólo se podía producir en Tucumán y hoy se produce en el sur y en el norte del país, sin ningún problema. En la Universidad de Arizona estamos trabajando sobre variedades de chía que puedan florecer más temprano, antes de que lleguen las heladas. Pero lo que se produce en el campo es una parte de la historia, no hay que descuidar la industrialización”.

El anuncio y las definiciones sobre un cultivo poco conocido por la mayoría de los productores argentinos (y que fue uno de los cuatro cultivos principales de la civilización azteca, junto al maíz, el poroto y el amaranto) pertenece al ingeniero Ricardo Ayerza, argentino, investigador de la Universidad de Arizona, de quien sí ya se tienen referencias tranqueras adentro del país.

Junto al ingeniero cordobés Enrique Seia, que está trabajando en estrecho contacto con Ayerza en la difusión de estos nuevos cultivos, el experto visitó la redacción de La Voz del Campo para dejar valiosa información, específicamente sobre las novedades en torno de la chía.

A pesar de haberse criado en Tandil y graduado en la Universidad Católica Argentina, en Buenos Aires, Ayerza es un apasionado y un experto en cultivos para zonas áridas y semiáridas.

Sustitutos

En 1991 inició un proyecto que se llamó Nord Western Argentina Regional Proyect, destinado a buscar sustituciones para la caña de azúcar y el tabaco. Junto a la chía, en la grilla de productos están la jojoba (desde hace unos tres años la Argentina se ha convertido en el principal productor mundial, con plantaciones en La Rioja y Catamarca), el guayule –una planta que produce caucho natural para reemplazar caucho sintético–. Y hay otras como la moringa, que sustituye al aceite de oliva, no en alimentación pero sí en cosmetología.

–¿Cuántos productores de chía hay en el país?

–En estos momentos aproximadamente unos 20, todos en la provincia de Salta. Son productores que tienen entre 50 y 300 hectáreas. Hace falta conocer la tecnología, como cualquier cultivo, pero no es difícil.

–¿Qué volumen se está produciendo?

–Se produce únicamente por contrato, y estamos en el orden de las 1.500 toneladas anuales. En estos momentos se ha desatado una fiebre por la chía y es muy posible que pronto la producción salte en mayores volúmenes en la Argentina. Lo curioso es que en este momento se está exportando más de Bolivia, donde no hay un impuesto a las exportaciones, pero es de pensar que algún día nuestros gobernantes se den cuenta que el país así no puede prosperar y saquen los impuestos.

–¿Todo va a comercio exterior?

–Sí, excepto una empresa que comercializa con exclusividad los huevos en Carrefour de Buenos Aires (se alimentan las gallinas con chía), y una empresa que produce alimentos para perros ricos en omega 3. Todo lo demás se exporta.

–Es una semilla muy pequeña, más chica que la alfalfa, casi como la del trébol blanco...

–Sí, y se la utiliza como harinas en la producción de pan.

n Estados Unidos se vende en los súper para disolverla con agua y hacer lo que se llama chia fresca, es una bebida refrescante. También se hace pan. En la Argentina se le da de comer a las gallinas para producir huevos muy altos en ácidos grasos omega 3 y bastante bajos en colesterol. Con esto no se

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