La naturaleza del negocio

Mientras se afirma el panorama externo, por aquí nos esforzamos por complicar las cosas y, esta vez más por acción que por omisión, posiblemente terminemos escupiendo el asado.

25deAgostode2003a las08:17

Héctor A. Huergo. DE LA REDACCION DE CLARIN

Mientras se afirma el panorama externo, por aquí nos esforzamos por complicar las cosas y, esta vez más por acción que por omisión, posiblemente terminemos escupiendo el asado.

Esta semana, el campo recibió muchas buenas noticias. Una sequía tardía en el Medio Oeste siguió empujando para arriba los precios de la soja y, en menor medida, del maíz. El trigo sigue afirmándose por la crisis de oferta europea, afectada también por la falta de lluvias en el fin de la estación y, ahora, la ola de calor que calcina las cosechas primavero-estivales.

Mientras tanto, la demanda no afloja. En los Estados Unidos el novillo ya roza los dos dólares por kilo vivo, lo que empuja los precios de todas las proteínas animales, que se obtienen con granos y harinas proteicas. Ya todo el mundo sabe que esto significa buenos precios de la soja.

Con buenos reflejos, los productores locales comenzaron a desprenderse de sus abultadas existencias. Había que vender en algún momento, porque se viene la gruesa. Y el momento era ahora, con la sorpresiva suba de Chicago. El mercado se hizo mucho más líquido y eso se expresó en la lluvia de dólares que inundaron el Banco Central esta semana: el promedio de liquidaciones, que estaba en los 30 millones de dólares diarios, subió a más de 80 (entre paréntesis, habría que preguntarse hasta dónde hubiera subido el dólar en esta semana de turbulencias políticas, si las subas no hubieran gatillado las ventas de los chacareros pampeanos).

Pero bueno, Dios es argentino, y ahora echó una bocanada de fuego sobre los sembrados del corn belt. Aquí muchos se relamen, porque está todo dado para lograr una gran siembra y una gran cosecha. Pero...

Algo tenía que pasar. Y ahí está la cuestión del cambio que el gobierno impulsa en la forma de liquidar Ganancias de los exportadores. La reacción de la cadena agroindustrial expresa la preocupación por este cambio drástico en las reglas de juego. Veamos un poco qué es lo que hay en el trasfondo de esta iniciativa oficial.

En el razonamiento de las autoridades, hay una carga conceptual añosa: la cuestión de los precios de transferencia y la triangulación entre filiales de una empresa. Para los que la miran de afuera, la cosa es casi lineal: "yo me vendo a mí mismo facturando a mi filial de Montevideo a precio vil y desde allí le revendo a un molino en Rotterdam al precio del mercado y me quedo con la diferencia". Claro, puede razonarse, para eso tienen las empresas relacionadas. Y con este mecanismo están jorobando al pequeño chacarero argentino, que no recibe el precio que paga el molino de Rotterdam. Y perjudican a la AFIP porque pagan impuestos sobre un precio inferior al que perciben realmente.

Brillante. Debe ser por eso que están en la Argentina. Porque si en esta país nadie invierte, los que lo hacen es porque tienen una superganancia. Lo que no se entiende es porqué, si el negocio de ser exportador de granos desde la Argentina es tan bueno, en los últimos años cesaron sus actividades cuatro de las diez principales empresas agroexportadoras a nivel mundial y corrieron igual suerte tres de las cinco mayores empresas argentinas del sector. Si los exportadores de granos están instalados aquí, con grandes inversiones en el complejo oleaginoso, con puertos y fábricas propias, no es porque vieron "un curro", sino porque en la Argentina se configuró un cluster competitivo alrededor de la agricultura, en especial la soja.

No es tan fácil manejar los precios de transferencia. Y además, la AFIP podría controlarlo con el simple expediente del registro de operaciones (que existe)

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