Pautas básicas para el desarrollo de una agricultura sustentable

Hace cuatro años, visité los campos de cultivo de soja en el noreste de China. Recuerdo haberme horrorizado de las extensas tierras áridas, donde se veía claramente la desertización, como resultado del deterioro del suelo a causa del monocultivo.

06deSeptiembrede2003a las08:11

Por Kiroku Kobayashi
Para LA NACION

Hace cuatro años, visité los campos de cultivo de soja en el noreste de China. Recuerdo haberme horrorizado de las extensas tierras áridas, donde se veía claramente la desertización, como resultado del deterioro del suelo a causa del monocultivo. El monocultivo había provocado el aumento y la expansión de los patógenos en el suelo. Al mismo tiempo, el exceso de riego había causado erosión y problemas de salinidad. Como consecuencia, se habían agravado las condiciones del suelo. Esta situación obligó a China a tratar el tema a nivel nacional, y desarrollar un programa para frenar la expansión de los daños causados por el monoculivo de la soja.

En la Argentina, con el cultivo centrado en la región pampeana, habitualmente se aplicaba el sistema de rotación de la agricultura con la ganadería. Se trataba de un sistema de cultivo ideal porque promovió al reciclaje de los recursos e incluso ayudó al mejoramiento del suelo por medio de los crecientes abonos orgánicos que, en consecuencia, limitaba los daños causados por las enfermedades y los insectos: hoy se han convertido en una práctica común el monocultivo de soja y la plantación alternada con la soja y el trigo. El uso de los productos químicos y los fertilizantes ha contribuido al aumento de la producción de las hortalizas y otros cultivos, pero también es cierto que la creciente utilización de esos productos ha provocado la contaminación del medio ambiente. Las enfermedades del suelo, especialmente las que atacan las raíces de las plantas, han aparecido en diversos lugares del mundo, y en la actualidad afectan a distintos cultivos, como las hortalizas y las frutas.

Como medida se utiliza el Bromuro de Metilo; éste tiene una alta capacidad de desinfección, y es muy efectivo a la hora de combatir los patógenos del suelo. Sin embargo, se reconoce su fuerte grado de contaminación, y al descubrirse que se trata de una sustancia altamente tóxica destructiva de la capa de ozono, se acordó su eliminación para el año 2010 en el marco del Protocolo de Montreal en 1995.

La investigación llevada a cabo por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) demuestra que muchos de los terrenos argentinos presentan signos de deterioro a causa del uso excesivo de los pesticidas, fungicidas y fertilizantes, y advierte la probabilidad de que conduzca al país hacia una situación alarmante en un futuro cercano. La siembra directa es muy efectiva a la hora de evitar la erosión de los terrenos, pero no es un buen método cuando se trata de la protección de las plantas. Esta técnica, en caso de soja, provoca el resurgimiento de las enfermedades, ya que deja las raíces y los tallos infectados de hongos patógenos dentro del suelo hasta el año siguiente, por lo que los productores deben acudir a una mayor cantidad de pesticidas y fungicidas para combatirlos.

Entonces, ¿existe un método alternativo efectivo para reemplazar tales pesticidas y fungicidas como el Bromuro de Metilo? Una de las alternativas es la utlización de los microorganismos benéficos. En la actualidad se ha comenzado a enfocar a los microorganismos desde el punto de vista del área de prevención de las enfermedades de las plantas y se está llevando a cabo diversas investigaciones y desarrollos de los agentes biocontroladores en todo el mundo. Incluso el INTA desarrolla esta investigación desde hace 9 años.

En este momento en que

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