Fuerte presencia de semillas ilegales de trigo y soja

El 40% de la semilla de trigo y soja que se siembra en la Argentina es "ilegal", lo cual desalienta a las empresas que apuestan e invierten en investigación de adelantos en biotecnología, y genera altos niveles de evasión

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08deSeptiembrede2003a las08:17

Así lo denunció el presidente de la Asociación Argentina de Protección de las Obtenciones Vegetales, Gerardo Bartolomé, quien explicó, además, que "esto provoca pérdidas gigantescas al fisco en recaudación de impuestos".

Para combatir la utilización de semilla ilegal, el Gobierno dispuso a través del decreto 52 realizar verificaciones sobre la procedencia de los productos que utiliza cada productor.

En la Argentina se utilizan unas 20 millones de bolsas de soja anuales para sembrar unos 13 millones de hectáreas: de ese total, sólo el 15 por ciento está fiscalizado.

El 85 por ciento restante se divide en partes iguales entre semillas que el propio productor extrae de sus cosechas -por ser variedades autogamas los cultivos de trigo y soja tienen la posibilidades de ser multiplicados y sembrados nuevamente- y otra que son adquiridas en forma ilegal, "sin pagar impuestos y sin controles sanitarios", explicó Bartolomé.

Sólo en soja se estima que la comercialización de semilla ilegal asciende a unos 80 millones de dólares por campaña.

En el caso del trigo, se utilizan unos 18 millones de bolsas de semillas para sembrar 6 millones de hectáreas. De ese total, unos 7 millones de bolsas circulan en forma ilegal: a 8 dólares la bolsa, son 56 millones de dólares de negocio en negro y sin controles.

Así, entre soja y trigo circulan semillas ilegales por un valor de unos 140 millones de dólares, a lo cual se suma algo similar que ocurre con cultivos de menor volumen, como avena, cebada y centeno.

Los principales proveedores de semillas en la Argentina son Monsanto, Nidera y Don Mario, entre otros, que cuentan con la autorización y los controles correspondientes para producir y proveer semilla de primera calidad al mercado.

Los avances tecnológicos permitieron, por ejemplo, pasar de una producción de 12 millones de toneladas en los ''60, a una de 70 millones en la actualidad, y la expectativa de llegar a los 100 millones.

Pero los proveedores legales advierten que eso será muy difícil si los controles siguen permitiendo la proliferación de semilla ilegal.

En este marco, Bartolomé que la continuidad del uso de semilla ilegal "repercutirá en que habrá menos investigación" y agregó que generará que haya "menos entusiasmo en las empresas en seguir invirtiendo en tecnología".

"Estamos más sujetos a problemas sanitarios y a enfermedades que puedan aparecer", alertó el titular de ARPOV.

Ante esta situación, exaltó la aplicación de la "regalía extendida", que consiste en "cobrarle al productor sobre la semilla que guarda".

Según explicó Bartolomé, este nuevo sistema "asegura el mantenimiento del proceso de investigación en la industria semillera, porque con sus nuevas y avanzadas semillas las empresas aportan a los productores la herramienta tecnológica esencial en su actividad productiva y el incremento de la rentabilidad".

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