Siembras compartidas para crecer

Empezaron como contratistas a porcentaje. Hoy cultivan más de 17.000 hectáreas. ¿La clave? asociarse con otros productores.

13deSeptiembrede2003a las07:41

Daniel Díaz

En el ''87, luego de recibirse de ingeniero agrónomo, Rubén Berardo regresó a su pueblo con la idea de montar una empresa junto a su hermano Néstor y sus dos primos Osvaldo y Jorge. Comenzaron a producir en campos de terceros como contratistas a porcentaje. "Conseguimos créditos y al cabo de un tiempo la inflación hizo que las deudas se licuaran muchísimo", recuerda Rubén en diálogo con Clarín Rural.

Y empezaron a crecer en superficie. "Como mis socios vivían de otras actividades reinvertimos buena parte de los beneficios". En el ''89, el primer golpe: fallece Néstor "era el que pensaba más en frío y el que tenía una visión a largo plazo". Además, en ese año y en el ''91 sufrieron granizadas "que nos llevaron casi media cosecha en cada año".

Pero no aflojaron. A principios de los ''90 la aparición de la siembra directa y de la soja resistente a glifosato les permitió pasar de 1.000 a 4.000 hectáreas. Pero advirtieron que el manejo gerencial comenzaba a complicarse. Siguiendo el consejo de un asesor zonal, en el ''95 crearon el Crea Larroque-Gualeguay. "Nos ayudó muchísimo. Por ejemplo, una visita que hicimos en su momento al campo de Marcos Rodrigué (miembro del CREA Monte Buey-Inriville y ex presidente de AACREA) nos dio elementos que nos permitieron organizar de una mejor manera nuestra sociedad", dijo Berardo.

Ya en el ''97 superaron las 5.000 hectáreas cultivadas. "Empezamos a delegar una cantidad mayor de tareas porque tuvimos que ocuparnos de la parte gerencial: buscar campos, observar la evolución de los mercados, negociar con proveedores, bancos, corredores y exportadores".

A partir de entonces Rubén se encargará de la coordinación general, uno de sus primos quedó a cargo de las tareas de cosecha de granos gruesos y el otro se dedicó a la preparación de suelos en campos nuevos, cosecha de granos finos y pulverizaciones.

Pocos años más tarde alcanzaron las 8.500 hectáreas , ubicadas en un radio de 30 kilómetros alrededor de Urdinarrain, de las cuales 300 eran propias y las restantes alquiladas: 1.000 hectáreas de maíz, 2.000 de trigo y las restantes 5.500 hectáreas de soja.

Además, acondicionaban su producción en una planta de acopio alquilada y la comercializa por medio de compañías exportadoras en forma directa.

A fines del ''98, otro golpe: fallece el padre de Rubén: Atilio, a quien consultaba habitualmente. En el segundo semestre del ''99 sufrieron una sequía muy fuerte que luego fue acompañada por un exceso de lluvias que prácticamente aniquiló al cultivo de soja. "Ese año nos pegamos una fundida de aquellas y entonces pusimos paños fríos al crecimiento que estábamos promoviendo, porque no habíamos tomado conciencia de que en algún momento podía pasarnos lo que efectivamente nos sucedió".

Berardo agrega que "en el ''99/2000 perdimos casi todo . Pero tuvimos que salir adelante porque si uno no está bien anímicamente no hay negocio que salga bien", explicó el empresario. En esa campaña, al igual que las anteriores, había sido financiada en su mayor parte con créditos bancarios, con lo cual los socios se encontraron en una situación financiera bastante comprometida.

En ese momento, apostaron fuerte. "Hipotecamos nuestras casas para jugarnos la última carta y afortunadamente en la campaña siguiente tuvimos una cosecha espectacular que vendimos con precios excelentes. Esto fue así porque el curso de comercialización de AACREA nos dio herramientas para ''cubrir'' nuestra soja y poder vender parte a un valor superior a 165 dólares

Temas en esta nota