La cadena cárnica está en alerta

La fiebre aftosa: reaparición del virus en el país.

15deSeptiembrede2003a las08:15

La espada de Damócles se cierne otra vez amenazante sobre la ganadería nacional y la industria cárnica, a poco más de una semana de que el Senasa reconociera que en Argentina otra vez hay aftosa. La reaparición del virus ya ha tenido duras consecuencias comerciales para el país, pero si se mantiene limitado a la región donde apareció, en la provincia de Salta, se puede evitar que el impacto sea aún más severo para toda la cadena y para el país.

El miércoles, en una conferencia de prensa en el Senasa, su nueva conducción explicó las medidas que tomó para controlar el rebrote, pero también debió reconocer su impacto negativo.

Entre las primeras, Jorge Amaya, el ahora presidente del Senasa, detalló el sacrificio, incineración y enterramiento del lote de 58 cerdos en los que aparecieron síntomas de aftosa, cerca de la ciudad salteña de Tartagal. Junto a Javier de Urquiza, subsecretario de Economía Agraria, también habló del anillo sanitario que se creó en torno a la zona y del estado de emergencia que se declaró en cinco departamentos de Salta y en uno de Formosa. Además, mencionó que se hará una investigación exhaustiva de todas las tropas que entraron y salieron de la región.

El objetivo de todas esas medidas es limitar el impacto negativo del rebrote, que también surgió claramente en el encuentro con la prensa en la edificio de Paseo Colón y Belgrano. El principal, sin dudas, es la suspensión sin fecha de la misión sanitaria de Estados Unidos que tenía previsto llegar a Buenos Aires a comienzos del mes próximo, para analizar la reapertura del mercado de ese país a nuestras carnes.

Ahora, para eso habrá que esperar un año desde que aparezca el último foco de aftosa, como lo establece la legislación estadounidense. En cumplimiento de ella es que venía ahora la misión, porque ya había transcurrido ese plazo desde la aparición del último foco en 2002.

Mientras la Argentina se debate en este problema, en Uruguay, por ejemplo, el mercado ganadero está más que entonado, justamente, entre otras razones, por el impacto que tuvo allí el reingreso al mercado de Estados Unidos, que los uruguayos lograron tras superar su propio problema de aftosa, que estalló casi junto con el anterior brote en la Argentina, reconocido en el 2001.

El novillo en Uruguay orilla los 90 centavos de dólar y la vaca los 80 centavos de dólar. Y sus reconocidas carnes viajan hacia territorio estadounidense, donde esta semana el novillo superó los 2 dólares por kilo por primera vez en la historia (desde 1,60 dólares que cotizaba hace 2 meses).

Por ese lado puede buscarse la explicación a que los uruguayos hayan sido los primeros en cerrar la frontera a las carnes argentinas, incluso antes de que el Senasa reconociera la reaparición de la aftosa en nuestro país.

Pero el camino marcado por el gobierno de Montevideo fue seguido casi inmediatamente por los de Chile, Bolivia y Brasil. En este punto, los técnicos del Senasa esperan que un rápido control del brote lleve a una igual reapertura de esos mercados, aunque por ahora ninguno de ellos dio pasos concretos en ese sentido.

En este contexto, los brasileños aprietan el acelerador y estiman convertirse en dos o tres años en el principal exportador mundial de carnes, según reconoció esta semana el presidente de la Asociación Brasileña de Industrias Exportadoras de Carnes Industrializadas, el ex ministro de Agricultura Marcus Vinicius Pratini de Moraes.

En medio de la preocupación, la buena noticia para la Argentina llegó desde la Unión Europea (UE), que aceptó el concepto de regionalización y sólo prohibió los embarques desde la zona afectada, que no tiene ninguna incidencia económica en el comercio bilateral. Así, se asegu

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