Un virus para el que no existen las fronteras

Ese enemigo, un virus, ha demostrado, además, que no respeta fronteras. Recientemente, y como una manera de su virtual "globalización" ingresó en cuatro islas: Japón, Taiwan, Gran Bretaña e Irlanda. Fue controlado, pero quedó demostrado que ni el el agua podía detener la enfermedad.

25deSeptiembrede2003a las08:26

Por Héctor Müller
De la Redacción de LA NACION

El hecho de que en el congreso sobre cría realizado por Aacrea se enfatizara en la necesidad de profundizar la lucha contra la fiebre aftosa, puso de nuevo sobre el tapete un tema sobre el que existe coincidencia absoluta en el sector: la de extremar los recaudos ante un enemigo que, históricamente, produjo estragos en la ganadería de prácticamente todo el mundo.

Ese enemigo, un virus, ha demostrado, además, que no respeta fronteras. Recientemente, y como una manera de su virtual "globalización" ingresó en cuatro islas: Japón, Taiwan, Gran Bretaña e Irlanda. Fue controlado, pero quedó demostrado que ni el el agua podía detener la enfermedad.

Hoy son pocos los países libres de aftosa sin vacunación (el máximo status sanitario). Entre ellos, se encuentran los Estados Unidos, Canadá, México, Japón, Corea del Sur, Australia, Chile y los países de América Central, y se sabe que están sumamente atemorizados por el posible ingreso del virus, circunstancia que los lleva a ser muy exigentes en sus importaciones.

Logro efímero

La Argentina también logró ese máximo status. El 24 de mayo de 2000 la Organización Internacional de Epizootias (OIE) declaró al país libre de aftosa sin vacunación. Un año atrás el entonces presidente Carlos Menem había aplicado la que se consideró en ese momento la última vacuna en el país. La alegría duró poco. En agosto de 2000, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad (Senasa), ordenó el sacrificio de 1200 vacunos argentinos tras descubrir su contacto con animales infectados ingresados desde el Paraguay.

Luego de una serie de irregularidades en la información, el 20 de febrero de 2001 el Gobierno admite por primera vez que se comenzará a vacunar contra la fiebre aftosa a los animales de las zonas de frontera que limitan con Paraguay, Bolivia y Brasil.

El 13 de marzo, el Senasa reconoce la existencia de un foco en el partido bonaerense de Rivadavia y advierte sobre la existencia de varios brotes más sin especificar su vacunación. Fue el principio del fin. Se "blanqueó" la situación junto con la peor crisis por la que iba a atravesar el sector cárnico, se cerraron todos los mercados causando pérdidas millonarias al sector.

Tras la decisión de vacunar obligatoriamente a todo el rodeo del país, tuvo que transcurrir prácticamente un año sin focos para que la Unión Europea, en febrero de 2002, reabriera sus puertas a nuestras carnes. Y en agosto de este año la Argentina es reconocida por la OIE como país libre de aftosa con vacunación.

¿Qué permitía este nuevo status? Entre otros aspectos, que Estados Unidos posibilitara reabrir su mercado a nuestras carnes frescas. Y esto ya estaba en proceso de poder concretarse. Una delegación de ese país estuvo a punto de venir a comprobar el estado sanitario, pero no pudo ser. El reciente foco aftósico de porcinos de Salta, infectados por un virus desconocido en el país, retrasó la misión "sin nueva fecha". Un nuevo paso atrás.

Se llega entonces a la siguiente conclusión: el virus de la aftosa sigue sin dar descanso y, hoy por hoy, es una utopía volver a pensar en un país libre de aftosa sin vacunación.

Por lo tanto, lo único que resta es persistir en la inoculación todos los años que fueran necesarios para pensar en su erradicación, un esfuerzo de la producción que deberá ser acompañado de la firme decisión de llevar a su máxima expresión los controles fronterizos.

Será necesaria, al mismo tiempo, la determinación política de introducir a la aftosa en la agenda del Mercosur a la que habrá

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