Brasil aprobó la soja transgénica

La soja transgénica, el "boom" agrícola de la Argentina, superó el último gran escollo que le quedaba a nivel mundial: fue aprobada en Brasil. De esta manera, ya no existen diferencias entre los tres mayores productores de la oleaginosa, y se alejan los fantasmas sobre posibles premios y castigos en los diferentes mercados.

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29deSeptiembrede2003a las08:15

Matías Longoni. .
mlongoni@clarin.com

La soja transgénica, el "boom" agrícola de la Argentina, superó el último gran escollo que le quedaba a nivel mundial: fue aprobada en Brasil. De esta manera, ya no existen diferencias entre los tres mayores productores de la oleaginosa, y se alejan los fantasmas sobre posibles premios y castigos en los diferentes mercados.

El tema es clave para la Argentina, porque un 20% de sus exportaciones dependen del poroto. Por eso, en Agricultura recibieron la noticia de la aprobación de la soja RR (resistente al herbicida glifosato) en Brasil con un suspiro de alivio. Es que ahora las condiciones son parejas para EE.UU., Brasil y la Argentina, que concentran 82% de la producción y 92% de las exportaciones mundiales de ese cultivo.

El vecino país autorizó la siembra y comercialización de soja genéticamente modificada en medio de fuertes polémicas internas. Pero casi no le quedaba alternativa, porque la soja RR ya era sembrada ilegalmente en millones de hectáreas, sobre todo en Rio Grande do Sul, con semillas originalmente contrabandeadas desde la Argentina.

De todos modos, Luiz Inácio Lula da Silva puso condiciones. Por un lado dispuso una habilitación provisoria para el ciclo 2003/04. Y por el otro, está en vías de implementar un sistema de etiquetado obligatorio, para que los consumidores puedan decidir ante los alimentos que contengan el transgénico.

En EE.UU. y la Argentina, primer y tercer productor mundia les respectivamente, la soja RR está permitida desde 1996. Pero en Brasil, los consumidores recurrieron varias veces a la justicia. Esto implicaba la existencia de un doble estándar y se temía que el mercado internacional terminara imponiendo premios y castigos a una y otra producción.

Ahora será mucho más difícil que eso suceda, y lo más probable es que quien quiera soja convencional deba pagar un sobreprecio. Era lo que pretendía la Argentina, donde el 95% de la cosecha ya es transgénica.

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