El valor agregado del agro

En 1825 el rendimiento de trigo en Francia era de 150 kilos por hectárea. Hoy es de 7500 kilos. En ese entonces la actividad agrícola fue caracterizada como "primaria". Sólo utilizaba primitivos arados de una reja, palas y mano de obra rudimentaria.

02deOctubrede2003a las08:13

Por Eduardo Leguizamón
Para LA NACION

En 1825 el rendimiento de trigo en Francia era de 150 kilos por hectárea. Hoy es de 7500 kilos. En ese entonces la actividad agrícola fue caracterizada como "primaria". Sólo utilizaba primitivos arados de una reja, palas y mano de obra rudimentaria.

No existían herbicidas, fungicidas, acaricidas, insecticidas, ni fertilizantes (nitrogenados, fosfatados, azufrados), ni micronutrientes, ni investigación y mejoramiento de semillas. Ni toda la herramienta agrícola necesaria para su aplicación. En este largo proceso el cambio fue cualitativo. Este no ha sido percibido por la mayoría de los economistas y políticos de los países subdesarrollados.

El motivo fundamental de la falta de comprensión reside en que la tecnología incorporada está ubicada en su totalidad con anterioridad al producto, sin modificarlo.

La falta de conocimiento y análisis de este proceso motivan que todavía se denomine a estos productos "materias primas" o "commodities" con la carga implícita negativa que conllevan esas denominaciones.

Los componentes del producto están constituidos en la actualidad, en primer lugar, por la maquinaria y la herramienta agrícola. Dentro de ella se deberían destacar aquellas con propulsión propia: tractores, cosechadoras, fumigadoras autopropulsadas, camiones y camionetas.

Estos vehículos, cuya tecnología avanza todos los años y que sólo constituyen una parte de los 7500 kilos de trigo obtenidos en Francia, ya bastarían para demostrar que la actividad agrícola, al menos, debería tener la misma consideración que la industria automotriz. Pero es más rica que ésta aún.

Los herbicidas, insecticidas, fungicidas y acaricidas obviamente dan lugar a plantas químicas que requieren cada vez más de investigaciones tendientes a la creación de moléculas que combatan las limitantes a la productividad con la menor contaminación posible. Al ser las plantas químicas sólo una parte del proceso agrícola, tampoco deberían tener un status superior a aquel que constituye su razón de ser.

Mano de obra calificada

La industria de la semilla constituye, quizá, la actividad económica de donde provendrán los mayores saltos cualitativos en el futuro a raíz de la incorporación de la biotecnología. Entre la semilla de maíz de Cuzco y la actual estadounidense o argentina existe el mismo salto que hubo entre el trigo europeo del siglo XIX y el actual.

Nuevamente aquí se ignora la participación de mano de obra altamente calificada, que utiliza las técnicas de cruzamientos y selección que dan lugar permanentemente a la creación de individuos superiores.

Hoy, la totalidad de la investigación se efectúa con el uso de marcadores moleculares. La sola creación de estos marcadores es de una complejidad mayor que cualquier actividad industrial manufacturera tradicional.

El marcador molecular no sólo busca establecer similitudes y diferencias genéticas, sino también la individualización de la función de cada gen que conforma el genoma. En los países desarrollados se prevé que esta actividad tenga un futuro de la importancia de la informática. La última administración demócrata y la actual republicana en los Estados Unidos han hecho de la biotecnología un objetivo de Estado.

Las plantas de acopio y acondicionamiento, el transporte, la obra pública vial y portuaria, por último, constituyen otra parte de esta actividad "primaria".

De dos visiones opuestas, la de los países desarrollados, en particular Estados Unidos, favorable al agro, y la de algunos países subdesarrollados, que lo desprecian, es que nacen las políticas de subsidios que practican la to

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