Genética adaptada al sistema de producción de leche en pastoreo

Los años de antes de la terminación de la década del 90 en los que la leche se pagaba a valores razonables, ya pasaron a la historia. Y con ellos también pasó la incorporación masiva de la "buena genética" procedente de Norte América (Estados Unidos y Canadá).

03deOctubrede2003a las16:20

Héctor Ariel Molinuevo


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- FCA UNMdP

Los años de antes de la terminación de la década del 90 en los que la leche se pagaba a valores razonables, ya pasaron a la historia. Y con ellos también pasó la incorporación masiva de la "buena genética" procedente de Norte América (Estados Unidos y Canadá).

Hoy es necesario ajustar al máximo los costos de producción recurriendo, todo lo que sea posible, al alimento más barato: el pasto cosechado por los propios animales. Mientras tanto, se encuentran en producción (o tratan de estarlo) las hijas y las nietas de aquella "buena genética" importada, buena para los sistemas Norte Americanos. Entonces aparecen con toda claridad, en muchos tambos, algunos elementos que afectan la eficiencia (económica y biológica) de producción. Estos elementos son varios, edad y peso a la concepción y al parto de las vaquillonas, evolución del peso posparto, vida productiva, tasa de reposición, etc.; pero entre todos ellos, nos parece conveniente centrar la atención en el largo de lactancia y en el intervalo parto-concepción, en particular en las vaquillonas de primera lactancia, pues ellos se convierten en verdaderos sensores del ajuste entre las condiciones de manejo y el potencial genético de las vacas.

 

Largo de lactancia y eficiencia reproductiva.

El objetivo de un planteo para una eficiente producción lechera consiste, entre otras cosas, en obtener el primer parto de las vaquillonas entre los 24 y 26 meses de edad, y la concepción entre los setenta y noventa días después del parto, manteniendo una lactancia de trescientos días, apuntado a que la vaca tenga una producción láctea por año de vida. Para alcanzar estos índices productivos es indispensable que exista un estricto ajuste entre las condiciones alimentarias y la potencialidad genética de producción de las vacas empleadas, aparte de óptimas condiciones sanitarias que son indispensables siempre. Este ajuste es necesario puesto que la fisiología que regula el metabolismo de la vaca lactante determina que la hembra en lactación trate de alcanzar toda la producción para la cual está potencialmente dotada por su genotipo. Si esa vaca no está alimentada de acuerdo a los requerimientos de mantenimiento y de su producción potencial, su propio programa metabólico impulsa su organismo a recurrir a reservas de alimento corporales para cubrir el déficit entre el alimento requerido y el que le es suministrado. Pero este déficit energético, como el de la economía, no se puede mantener indefinidamente sin pagar un alto precio.

El organismo de la vaca lactante que recurre a sus propias reservas corporales para cubrir el déficit de alimento al que está sometido, se cobra tratando de reducir el déficit acortando la lactancia y cancelando otras funciones como la de disponerse a entrar en gestación. Así pues, la extensión de la lactancia e intervalo parto-concepción se constituyen en verdaderos sensores del equilibrio en el que se encuentran, mutuamente, el potencial genético y el sistema. El desequilibrio entre estos dos factores, genética y sistema, se pone en evidencia con lactancias cortas e intervalos parto-concepción largos. Para restablecer el equilibrio se hace preciso mejorar el suministro de alimento, en el c

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