El valor agregado de la soja

Una vez más los indicadores macroeconómicos ponen de manifiesto las bendiciones que el agro derrama sobre toda la sociedad. Aumentó la recaudación, que en setiembre fue un 40% superior a la del año anterior

04deOctubrede2003a las08:06

Héctor A. Huergo
hhuergo@clarin.com

Una vez más los indicadores macroeconómicos ponen de manifiesto las bendiciones que el agro derrama sobre toda la sociedad. Aumentó la recaudación, que en setiembre fue un 40% superior a la del año anterior. Donde fue mayor el incremento fue en los derechos de exportación, que totalizaron 750 millones de pesos, más del doble que un año atrás. También aumentaron las exportaciones, aunque el saldo de la balanza comercial no lo hizo en la misma proporción porque aumentaron también las importaciones. Pero la mayor parte de las importaciones es de insumos y equipos ligados a la producción agropecuaria.

Encima, los precios de la soja, por lejos el principal producto exportable de la Argentina, con embarques por 7.000 millones de dólares (1.500 captura el Estado) siguen la trepada iniciada hace dos meses, cuando se abatió la sequía sobre el cinturón agrícola de los EE.UU. Esta semana la soja en la Bolsa de Chicago superó la barrera psicológica de los 7 dólares por bushell, equivalente a más de 250 dólares la tonelada. Todo un precio, porque aquí los productores pampeanos son capaces de producir a la mitad de ese valor, como ocurrió a fines de los 90. Con el mismo dólar que dejó fuera de competencia a la mayor parte de la estructura productiva argentina, el agro siguió creciendo a fuerza de tecnología. Y ahora, acomodado por la licuación de los pasivos, y con un horizonte de precios espectacular, el campo se dispara hacia adelante como en el 96. Lo bien que hace. Y lo bien que le hace al país.

Sin embargo, no todos advierten la profundidad de lo que está ocurriendo. Es quizá una falencia del agro, incapaz de comunicar las buenas nuevas al conjunto de la sociedad. Y nos hacemos cargo de nuestra parte, como comunicadores desde un medio rural. La cuestión es que se escucha cada cosa...

Por ejemplo, durante el conmovedor lanzamiento de la hormona de crecimiento humana producida por una vaca transgénica lograda por un laboratorio argentino (ver pág. 8 y 9) el ministro de Educación tuvo párrafos despectivos hacia las sociedades agrarias, "primitivas", remarcando que el futuro está en la sociedad del conocimiento. En esto tiene razón. Lo que quizá ignore es que la sociedad del conocimiento se expresa en esta Segunda Revolución de las Pampas, que puso a la Argentina en la avanzada de la biotecnología a nivel internacional. Antes que Pampa Mansa empezara a dar su valiosísima leche, la soja transgénica había aportado 7.000 millones de dólares al país en sus cinco años de vida. Y tal como planteó Eduardo Leguizamón en un artículo publicado esta semana en La Nación, hay mucha ciencia, mucha sociedad del conomiento atrás de una semilla, una molécula de funguicida, una pulverizadora automotriz con piloto automático o una cosechadora con monitor de rendimiento y GPS. En todo esto la Argentina está en la vanguardia tecnológica, y por eso se ha convertido en el principal exportador de derivados del complejo soja. El cluster competitivo se potencia con la presencia, con plantas industriales de última generación, de los colosos mundiales de las proteínas vegetales y los aceites. Dominar el mercado de proteínas vegetales, para consumo animal pero cada vez más para consumo humano directo —una poderosa tendencia actual, como ejemplifica la incorporación de hamburguesas de soja argentinas por los McDonalds del sudeste asiático, o la leche de soja argentina que distribuye en España la láctea Pascual— es un tema de extraordinaria envergadura. Una buenísima noticia permanente, porque esto sigue. Si hasta Br

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