Lavagna ahora está más urgido por inversiones que por la deuda

Recién en cuatro años la Argentina podrá volver al mercado de deuda voluntario.En la Fundación Mediterránea,admitió que será esencial la inversión extranjera para el crecimiento y criticó a empresarios que apoyaron la convertibilidad.

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08deOctubrede2003a las10:18

HERNÁN DE GOÑI Buenos Aires


Roberto Lavagna se propuso exhibir ayer un perfil más reflexivo que confrontativo. Estaba ante un calificado auditorio, integrado mayoritariamente por empresarios que integran la Fundación Mediterránea. Y aunque usó buena parte de su tiempo para explicar, escudado en la teoría, que su obsesión por el gradualismo es mucho más que una salida pragmática, no se privó de dar un puñado de definiciones fuertes. Para empezar, admitió que la Argentina tardará al menos cuatro años antes de poder generar un regreso responsable al mercado de capitales; reconoció en forma explícita que la inversión extranjera directa es esencial para relanzar el crecimiento y esbozó una crítica abierta a la dirigencia empresaria por darle respaldo a políticas basadas en el atraso cambiario y la expansión de la deuda pública, en las que germinó la crisis de 2001.

El ministro de Economía dividió su discurso en tres. Para justificar la naturaleza de su plan económico, citó una frase reciente del presidente del Consejo Editorial de El Cronista, Juan José Llach: “los manuales dicen que para una crisis como la argentina era indispensable una política de shock. Por eso lograr lo que se logró de manera gradualista tiene un doble mérito”.

Según Lavagna, esta visión era la indicada por “teorías más modernas y abarcativas que las que surgen del circunscripto análisis económico ortodoxo”. Planteó que el uso de una política coercitiva no era compatible con la efervescencia social previa al estallido, donde el que se vayan todos se encargó de “destituir de facto” a dos ministros de Economía (Ricardo López Murphy y Domingo Cavallo).

El objetivo, entonces, fue buscar un esquema de “estabilidad estructural, en el que el reparto de pérdidas derivado del colapso de la convertibilidad se hizo a partir de rechazar los pedidos sectoriales, evitando repetir lo sucedió en 1982 y en 1989” (estatización de la deuda privada y concesiones a grandes grupos, respectivamente).

Lavagna acudió al poeta francés Paul Valery (“hacen falta dos para inventar, el que produce y el que comprende”) para destacar que la sociedad compró esta vía de salida. Y que en ese contexto se produjo la mejor de las últimas cuatro transiciones presidenciales.

En la segunda parte, remarcó los seis criterios de perfomance que fijados para la reestructuración de la deuda, a saber: 1) Cumplir los compromisos; 2) Sin crecimiento no hay solución para nadie; 3) No debemos endeudarnos aunque nos presten; 4) Con acuerdos internacionales será más fácil; 5) No creemos útil acordar si no estamos seguros de que podemos cumplir; 6) La inversión es esencial, y dentro de ella la extranjera tiene un papel importante.

En ese contexto, destacó que no busca un acuerdo de reestructuración corto que se renegocie a mediano plazo.

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