Caballos, el negocio sigue vivo

Entrevista a Juan Pedro Alvelo y Araujo, asesor y docente universitario.Hay veinte actividades vinculas a la producción equina, la mitad en expansión. Uno de esos sectores es la carne: allí la Argentina es el primer exportador mundial. “Soy optimista”, dijo el especialista.

15deOctubrede2003a las08:00

El stock equino en la Argentina viene en caída libre desde mediados del siglo pasado. De los 10 millones que había en ese momento, se estima que hoy quedan alrededor de 1,4 millones. El censo de 1988 arrojó 1,8 millón, y todavía no hay datos del de 2002. Según Juan Pedro Alvelo y Araujo, un ingeniero agrónomo especializado en producción equina, hay unos 350.000 caballos identificados, que corresponden a caballos de polo, de salto, árabes, sangre pura de carrera, etcétera, y 1,1 millón que son animales de trabajo en el campo.

Pero a pesar del avance de la agricultura sobre la ganadería, este ex asesor CREA y actual docente en las facultades de Agronomía de la UBA y la UCA, sostiene que el rodeo equino se estabilizará en un punto y que incluso puede retomar el crecimiento. “Hay dos razones para opinar así”, comenzó a explicar durante la entrevista que mantuvo con Infochacra. “Primero que en la medida en que se mantenga una faena vacuna anual de 12 millones de cabezas, o incluso que aumente, que a su vez viene de un stock de 50 millones de cabezas, seguirá haciendo falta una cantidad mínima de caballos necesarios para manejar esa producción. En segundo lugar, hay un punto de equilibrio entre el caballo y sus reemplazantes. Hoy el costo de un caballo está en torno a los 800 dólares, mientras que un cuatriciclo está en 2.000 a 2.500.

Pero Alvelo y Araujo ve oportunidades en otros nichos de negocio, que van desde la carne equina hasta el caballo mascota.

-La industria de la carne equina está hoy muy fuerte en el mundo. De cinco importadores tradicionales que tenía la Argentina, hoy hay catorce, con la incorporación destacada de Rusia, que se suman a los tradicionales compradores europeos. Esto viene impulsado por estudios médicos que colocan a la carne equina como “cardiosaludable”.

En la Argentina, el caballo que se faena ¿es el que se descarta por viejo solamente?
-Vayamos por partes. Hace años ya que se derogó la prohibición de faenar caballos jóvenes, lo cual abre una oportunidad grande. Incluso si la industria pudiera pagar 65 centavos de dólar podría haber un crecimiento del stock equino y podrían organizarse modelos de producción de carne de caballo, como ya existen en la Patagonia.

¿Cómo es esto?
-Es muy interesante. Surgió después del estallido del volcán Hudson, que diezmó los rodeos ovinos. A algunos productores, que lo único que les quedó fueron unos caballos, se les ocurrió que podían producirlos. Hay que pensar que faenar tres caballos por mes les representa unos 1.500 y, si bien eso es de subsistencia, no quiere decir que no pueda organizarse en una producción formal. El caso es que con la participación de INTA de Comodoro Rivadavia y Perito Moreno, la SAGPyA, con Enrique Torres Mignaquy a la cabeza y la universidad, se logró desarrollar una propuesta de producción. De hecho ya se formó la Asociación Argentina de Productores de Carne Equina, con gente de Patagonia sur. Torres Mignaquy participó intensamente del proyecto.

¿Cómo funciona este sistema de producción?
-La gran ventaja es que los caballos se organizan solos. Las yeguas y sus potrillos forman la manada con el padrillo; los machos se van y arman las tropas de donde se saca la producción que va a faena. Además, no hacen falta alambrados ni aguadas, como en la cría vacuna. Lo único que hay que cuidar es la carga animal, para no sobrepastorear el campo. La otra ventaja del caballo es que no tiene BSE aftosa ni tuberculosis y hasta “controla” muy bien su sanidad, porque, por ejemplo, no bostea donde come, o sea que regula muy bien los parásitos.

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