Por qué el futuro es la soja

El crecimiento del consumo cuadriplica al de cereales y granos forrajeros.La soja se mete cada vez más en la vida cotidiana de la humanidad. Ya no es sólo un forraje sino que se la usa en las industrias química y petrolera. En los EE.UU. destinan u$s40 millones para promoción.

17deOctubrede2003a las08:17

¿Alguien tiene alguna duda de que el grano con mayor potencial de negocios presente y futuro es la soja? Y si no miren el gráfico que acompaña esta nota, facilitado por la gente de la consultora Nóvitas SA, donde se ve que mientras el incremento del consumo de trigo y granos forrajeros no pasó del 40 por ciento entre el quinquenio 1976/81 y el presente, el de las harinas proteicas, aceites vegetales y granos oleaginosos aumentó una vez y media.

Otro dato: A comienzos de los 90, el mundo consumía 1.720 millones de toneladas (Mt) de cereales. Diez años después, 1.900 Mt. Incremento: 10 por ciento. En el ínterin, los oleaginosos pasaban de 220 a 340 Mt. Incremento, 54 por ciento. Conclusión: mientras que la producción de granos forrajeros y cereales está alcanzando un plateau (su evolución va muy ligada al aumento de población), la de oleaginosas está en su fase de incremento lineal.

Es que más allá del boom de precios que vive la soja esta campaña, la clave de por qué el futuro es para esta oleaginosa pasa por la demanda, y no sólo la alimentaria sino por la que la industria sojera está induciendo a lo largo y ancho del mundo entero.

El punto es la transformación de proteínas vegetales, de bajo valor, y en animales, de alto valor. La locomotora del tren sojero es China, indudablemente, que con años de crecimiento sostenido de su economía –las tasas no bajan del 7 por ciento– tiene una población que empieza a agregar a su dieta basada en los cereales (arroz y trigo), carne de ave y cerdos. El otro gran destino es Europa, sólo que ahí la harina de soja también se usa para el engorde bovino, una proteína animal mucho más cara que la del ave y el cerdo.

Pero mientras la gente quiere comer carnes y para eso se requiere la harina de oleaginosas, la industria busca desarrollar distintos segmentos de consumo, que van desde la industria al consumo humano directo.

El gran marketing.

Uno de los frentes del marketing de la soja es su presentación como paliativo del hambre. La idea puede ser muy criticable, y de hecho lo es desde diversos frentes (hay proyectos legislativos para limitar o prohibir su uso en comedores infantiles), pero en la práctica resulta una vía más para el posicionamiento del producto en los consumidores.

En la Argentina, esta práctica la motoriza Aapresid con su programa Soja Solidaria. En los Estados Unidos, la poderosa American Soybean Association lanzó hace tres años un programa llamado World Iniatitive for Soy in Human Health, cuyo acrónimo es WISHH, un juego de palabras con wish, que en inglés quiere decir “deseo”.

Con el argumento de la falta de proteínas en la alimentación –remarcan lo de los 800 millones de hambrientos que se estima hay en el mundo– los americanos proponen que las harinas de trigo u otros cereales contengan el 10 por ciento de soja. “Esto aumentaría el contenido de proteína en el pan en un 45 por ciento y agregaría algunos aminoácidos que no tienen los cereales”, sostiene Jim Hershey, director del programa en cuestión.

Los números gruesos del negocio son fantásticos. Asumiendo un consumo mundial anual de 480 millones de toneladas de trigo (se descuentan unas cien que se usan como forraje), harían falta unas 38 Mt de harina de soja para cumplir ese objetivo. Sólo la India, donde sus casi mil millones de habitantes se comen anualmente 69 Mt de trigo, necesitaría 5,5 Mt de harina de soja para mezclarla al 10 por ciento con la harina de trigo.

Pero los representantes del negocio que se mueve al compás de la soja está dispuesto a recurrir al argumento que sea para demostrar que la

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