Señales de agotamiento tras un ciclo de notable expansión

La competitividad del principal cultivo del país está en riesgo.A los problemas de fertilización se suma la creciente presión fiscal, que pasa inadvertida por los precios en alza.Hay un deterioro institucional.Faltan definiciones en biotecnología.

20deOctubrede2003a las08:09

Luego de haber analizado algunos aspectos que consideramos esenciales para la competitividad de nuestro cultivo-estrella, llegamos a la conclusión de que algunos de los factores que impulsaron el fenomenal crecimiento de la soja argentina en los últimos años están mostrando señales de agotamiento.

Con la creciente pérdida de fertilidad de nuestros suelos pampeanos, la actual presión fiscal y el deterioro institucional que observamos, se requieren acciones concretas e inmediatas para no hacer peligrar el futuro crecimiento de la soja y de nuestra agricultura.

Un punto de partida para comprender esta situación es analizar las ventajas comparativas de los costos de producción sojera de la Argentina, con relación a nuestros competidores. Para ello utilizamos los valores de costos y rendimientos de nuestra zona núcleo, el Estado de Illinois en EE.UU., y la región de Chapadao do Sul, Mato Grosso, en Brasil.

Así pudimos comprobar que la Argentina sigue siendo el país más competitivo, ya que tomando en cuenta los costos directos de siembra más el costo de cosecha y los rendimientos promedio de cada región, verificamos que en nuestro país, producir una tonelada de soja nos cuesta 46 dólares, mientras que en los EE.UU., 65 dólares y en Brasil 95.

Es notable la diferencia, pero también es notable que Brasil sea el último. La explicación es que tiene -para la región mencionada- la combinación de rendimientos más bajos (24 qq-ha) y el mayor costo de fertilizante (100 dólares -ha)

Nuestra fenomenal ventaja comparativa descansa sobre el bajo consumo de fertilizantes. Mientras la Argentina invierte casi 4 dólares por hectárea, en EE.UU. la cifra llega a 15 y en Brasil a 42. En apariencias somos imbatibles.

Aquí viene nuestra primera señal de alerta: al estar reponiendo solamente el 24% del nitrógeno, el 42% del fósforo y menos del 1% del potasio consumidos anualmente en todas nuestras cosechas, tenemos un costo "oculto" -pero real- de unos 1000 millones de dólares anuales que a la larga o a la corta enfrentaremos, con menores rendimientos o con un sensible aumento de los costos de producción. Nunca es tarde para reaccionar, pero hagámoslo, ya que de otra forma estamos hipotecando los ingresos de las generaciones futuras. No se trata de un tema exclusivo del ámbito de decisiones del productor: el Estado tiene un rol indelegable como guardián y custodio de los recursos.

Los impuestos

Nuestra segunda preocupación es el tema impositivo, que hoy en cierta forma está "disimulado" por la tendencia creciente de los precios en los últimos meses: todos los impuestos sumados, equivalen a 11,8 quintales de soja por hectárea, una cifra que es a todas luces inequitativa, ya que sólo considerando las retenciones (7,1 qq-ha) el Estado percibe una renta mayor que la del propio productor, y esto sin contar el valor del alquiler de la tierra.

Los últimos gobiernos, por la severidad de la incuestionable crisis social y por un enfoque populista y clientelista, han tomado el camino más fácil, aunque no siempre el mejor. "Total el campo está bien", dicen, mientras nos siguen negando una reforma del sector público y la tan reclamada reforma política. Tengamos en claro que la actual situación de "ahogo impositivo" no será sostenible si los precios cayeran un 15-20%.

Las instituciones

Pero hay un aspecto más preocupante de nuestra realidad sectorial: el deterioro institucional. El mismo se manifiesta en dos áreas visibles: en primer lugar, la caída de volumen e importancia de nuestro mercado de futuros de granos, con la consecuente pérdida de transparencia en el proceso de formación de

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