Una promoción complicada

Carnes: sigue sin definirse criterio de recaudación en el Instituto

Por
24deOctubrede2003a las08:28

Con promoción, la Argentina podría mejorar sus ventas de carnes al exterior. Con un plan estratégico se podría definir también qué animal deben producir los ganaderos para mejorar la rentabilidad de sus explotaciones y para complementar los mercados internos y externos. En definitiva, la Argentina comenzaría a definir su rol en la ganadería del futuro. Con esa idea fue pensado, siete años atrás, el Instituto de Promoción de Carnes Vacunas (IPCV).

A su vez, el éxito de un ente de esta naturaleza, mayoritariamente privado, es una necesidad imperiosa para iniciar la promoción en otras actividades como la leche, los cerdos o las frutas.

Pero hoy, tras el tiempo transcurrido, no son pocos los que comienzan a dudar de su viabilidad. Al menos, tal como está dado hasta ahora. En el mismo gobierno ya se plantean, incluso, el «beneficio» de que, al menos, diferentes áreas públicas tengan que participar (como soporte) en la conformación y en la recaudación del ente (ONCCA, SENASA, Sindicatura, etcétera). Tanto es así, que ya se planteó la posibilidad de generar algún tipo de acción que frene las desprolijidades que pueden terminar salpicando a los mismos funcionarios que, en este caso, poco pueden hacer ya que los «dueños» del organismo son quienes aportan los fondos, y los que deciden, son los dirigentes del sector.

Hoy se duda del éxito del IPCV. Es más, un relevamiento entre productores del interior y frigoríficos bonaerenses deja en claro que aún hay muchas cosas por definir. El tan deseado órgano de promoción puede fracasar porque, por ejemplo, aún ni siquiera hay acuerdo en el sistema de recaudación que implicará un aporte de alrededor de $ 2 por cabeza, entre ganaderos y frigoríficos. Algunos productores y algunas dependencias del SENASA se quejan, además, por la superposición de órdenes, de ideas y por la falta de una política clara. De hecho, ya es complejo en algunos lugares conseguir un DTA (Documento de Tránsito Animal), y los productores se ven obligados a peregrinar entre la delegación del SENASA y el Banco Nación. Mucho más, si el aporte se liquida juntamente con este documento porque en la mayoría de los lugares aún no se sabe dónde se debe pagar este «impuesto» a la promoción.

• Estrategia

El IPCV no tiene hoy un plan estratégico; tampoco proyectos claros sobre lo que se debe hacer. Al menos, no lo informaron públicamente. Sin embargo, algunas entidades que lo integran y la mayoría de las empresas, tienen un perfil claro de cómo consolidar y ampliar los mercados (incluso, el interno). De hecho, el Consorcio ABC que nuclea a los grandes exportadores de la carne ya presentó oportunamente un lineamiento sobre qué debe hacerse. Pero, aparentemente, se trata de propuestas individuales o de grupos de afinidad y, hasta el momento, en el IPCV parece que no existen intereses afines.

El malestar «interno» en el Instituto, el de los productores con sus representados ante un nuevo costo sobre el alicaído precio de la hacienda -que hoy se ubica en $ 1,80, o sea, alrededor de 0,60 de dólar- son datos sobre los que hoy se habla en la mayoría las entidades vinculadas a la ganadería.

A esto se suma el «síndrome de funcionario público» que ya atacó al IPCV, desde donde surgen ideas sobre conspiraciones y espionaje apenas la prensa se hace eco de las múltiples críticas que, en realidad, no le importarían a nadie si no fuera que está en juego el porvenir de la ganadería de la Argentina y de miles de ganaderos que viven alejados de las pujas internas y de la política sectorial.

Temas en esta nota