El modelo Kirchner-Lavagna y los precios externos: ¿igual que antes?

Las políticas del actual Gobierno se diferencian en gran medida de las recetas aplicadas anteriormente por el peronismo, aunque persiste la duda si terminará elevando el stock de capital.

11deNoviembrede2003a las08:15

Con diferente intensidad, todos los gobiernos peronistas disfrutaron de precios internacionales favorables, como puede apreciarse parcialmente en el gráfico adjunto de los términos del intercambio del país a largo plazo. Estos golpes de fortuna no fueron bien aprovechados porque, siguiendo una tradición nacional iniciada a fines del siglo XIX, se los percibió como permanentes y se actuó en consecuencia.

En el primer gobierno peronista, y de nuevo entre 1973 y 1975, se inauguró y aplicó la economía política que hace veinte años denominé mercadointernismo rentístico, con tres rasgos salientes. Primero, un aumento insostenible del gasto y del déficit públicos. Segundo, un sistema de precios relativos artificial, con salarios y un sesgo antiagrario que sólo podrían sostenerse mientras duraran los buenos precios. En tercer lugar, una caída o menor productividad de la inversión.

Durante la segunda presidencia de Carlos Menem, la mejora de los precios internacionales a partir de 1995 ayudó a salir con rapidez del efecto Tequila y, aunque la inversión no cayó, se siguió una política fiscal expansiva, procíclica e incompatible con el régimen cambiario. Este nexo frecuentemente olvidado entre política fiscal, régimen cambiario y precios relativos fue el detonante del explosivo final de estos experimentos.

No puede dudarse de que las favorables circunstancias externas están ayudando hoy a reactivar la economía. A los excelentes precios de casi todos los exportables se agregan tasas de interés externas inusitadamente bajas, que han ayudado reducir la salida neta de capitales y a acelerar el crecimiento de la economía mundial.

No debe olvidarse, sin embargo, que la recesión de Brasil, que recién ahora empieza a ceder, ha sido hasta ahora un lastre para la reactivación de la Argentina. El viento externo a favor es indiscutible, aunque me parecen exageradas algunas estimaciones de su influencia en el aumento del PIB de este año. En todo caso, las preguntas relevantes que hay que contestar antes de hacer apresuradas analogías históricas son otras. La primera es si frente a este golpe de fortuna se está actuando como en el pasado. La segunda es si podría hacerse algo distinto de lo que se está haciendo para evitar un mal final.

En mi opinión, las diferencias con las políticas del pasado son más salientes que las semejanzas. La principal es que el gasto público, si bien empezó a crecer desde mediados del 2002, ha reducido su participación en el PIB en 6 puntos, merced a un virtual congelamiento de salarios públicos y jubilaciones, impensable en el peronismo tradicional. Sumado al default, ello ha permitido lograr una situación próxima al equilibrio fiscal. En cuanto a los precios relativos, la política de Economía y el BCRA de mantener una moneda relativamente depreciada también se diferencia de lo que ocurrió antes. Subsiste, sí, un excesivo diferencial cambiario –hasta $ 3,60 por dólar para sustituir importaciones y sólo $ 2,30 para exportar commodities–. Las palabras del ministro Roberto Lavagna en IDEA, en donde destacó el papel del sector agroindustrial en su estrategia, dan algún margen para pensar en un cambio, a futuro y gradual, de esta política. El mantenimiento de la apertura de la economía, por otro lado, diferencia claramente al gobierno de Kirchner de los dos gobiernos de Perón.

Algunos economistas ortodoxos reconocen estos hechos pero alegan que hay ahora un neopopulismo que, si bien respeta equilibrios monetarios y fiscales básicos, se manifiesta en la dura propuesta de reestructuración de la deuda y en patear para adelante cuestiones tales como la reestructuración del sistema financiero y la si

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