Una amenaza llamada vaca loca

Los nuevos casos detectados en animales menores de treinta meses complican aún más la relación comercial entre exportadores e importadores.

21deNoviembrede2003a las08:42

La ganadería vacuna mundial tiene una espada de Damocles pendiendo de su cabeza: la encefalopatía espongiforme bovina o mal de la vaca loca. En el 2003, la primera novedad fue la detección del segundo caso de vaca loca en Canadá. Se dio en la provincia de Alberta y a diferencia del primero, no se trató de un animal importado sino de uno que había nacido en ese país.

La segunda novedad del año fueron los casos detectados en las últimas semanas en Japón e Italia (ver recuadro). En el caso de Japón, el componente diferencial fue que se detectó en animales menores de 30 meses, que hasta ahora se consideraban con muy pocas chances de desarrollar la enfermedad, mientras que en el de Italia hay indicios de que podría tratarse de una nueva cepa.

Las consecuencias económicas de esta enfermedad son cuantiosas, con derivaciones que afectan las relaciones comerciales entre países. Cuando el 20 de mayo se detectó el caso en Canadá, los Estados Unidos, grandes importadores de ganado en pie y carne bovina desde ese país, le cerraron la frontera a estos productos. Esto derivó en un aumento de los precios internos, tanto del ganado como de la carne bovina, y el desplazamiento de los cortes canadienses por la estadounidenses en dos mercados clave para los primeros: Japón y México.

De qué se trata

Los casos de Japón, a los cuales se les suma Italia, de alguna manera sorprendieron a la comunidad científica internacional y de los servicios sanitarios. Carlos Van Gelderen, especialista argentino en EET (encefalopatías espongiformes transmisibles) que trabaja para el Instituto Interamericano de Cooperación Agrícola, planteó las dudas que generan estos casos, pero además explicó cómo funciona el sistema de detección de la enfermedad en los países europeos y Japón.

En la Unión Europea, a todo animal faenado mayor de 24 meses se le extrae una muestra de tejido del cerebro, sobre el cual se le hace un test que detecta la presencia del prión causante de la enfermedad. La res es retenida hasta conocerse los resultados del examen. En tanto, en Japón, ese procedimiento se realiza para cualquier animal que vaya a faena.

Un dato, que no es menor, es el costo de estos diagnósticos, que se ubica en unos 40 euros por test, lo cual da la idea de la magnitud del gasto que esta enfermedad representa para la industria cárnica europea y japonesa.

Lo cierto es que los recientes casos en el país asiático han instalado una polémica entre los servicios sanitarios de ese país, Canadá y los Estados Unidos. Brian Evans, de la Agencia de Inspección Alimentaria canadiense -conocido en nuestro país porque comandó la última auditoría con vistas a la reapertura de ese mercado a la carne argentina- se quejó recientemente de que las autoridades sanitarias japonesas no compartan con los otros servicios sanitarios las muestras de tejidos de los animales recientemente diagnosticados. “Se hace muy difícil comprender si estamos lidiando con problema de diagnóstico en Japón, con una nueva cepa de BSE o con algo nunca visto”, comentó Evans a la agencia The Canadian Press, hace algunos días.

¿Por qué sería importante para los canadienses que los casos de vaca loca en Japón fueran sólo un error de diagnóstico? Desde el 20 de mayo, Canadá no puede enviar animales en pie a los Estados Unidos ni cortes cárnicos, a pesar de que el mismo Departamento de Agricultura de los EE.UU. reconoce que su vecino es un país con “riesgo mínimo de BSE”. Esto llevó a que los precios internos bajaran, a causa de la pérdida de los mercados, al revés de lo sucedido en los EE.UU.

Canadá presiona a la administración Bush para que abra la frontera, con base en sus evidencias científicas. El 29 de octubre, el USDA presentó un plan de flexib

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