Cambian los paradigmas

Para el autor —ex secretario de Energía y ex presidente de YPF— la industria energética está transformándose.

22deNoviembrede2003a las04:34

El mundo avanza a un cambio del paradigma energético. No porque vaya a escasear el petróleo, sino porque las consecuencias de la combustión fósil para el medio ambiente están acelerando un proceso tecnológico que impulsará la transformación de la industria energética.

Las reservas petroleras, muy concentradas en el Medio Oriente, pueden anticipar o retrasar la agenda de transformación energética, según la evolución del conflicto iraquí, la estabilización de la región, y su apertura a las inversiones internacionales.

Mientras se profundiza la sustitución intrafósiles y el gas natural desplaza al carbón como segunda fuente mundial de energía primaria, la competencia por costos y tecnología augura un gradual desplazamiento del consumo energético hacia fuentes más amigables con el medio ambiente y más accesibles a los excluidos de la energía comercial.

Un tercio de la población mundial, los pobres de los pobres, todavía no tienen acceso a los sistemas eléctricos y dependen de fuentes energéticas tradicionales que los marginan y enferman. Promediando el siglo XXI, el hidrógeno, algún biocombustible, o un combustible sintético, estarán desplazando al petróleo como energía predominante.

Los neomalthusianos cometen el mismo error que su maestro al formular predicciones. Extrapolan tendencias pasadas que ignoran o subestiman el impacto de las nuevas tecnologías en la frontera productiva. Malthus hubiera tenido razón, si a la restricción de tierras cultivables que ya imaginaba en sus días, se hubiera sumado una tecnología productiva estacionaria. Conforme a sus vaticinios, la población mundial se multiplicó varias veces desde la publicación de su tesis, pero los alimentos crecieron más.

Los que ahora esgrimen la curva de Hubber para pronosticar la próxima declinación de la producción petrolera mundial, también subestiman el cambio tecnológico y su impacto en la industria energética.

Olvidan que otro economista inglés, William Jevons, en 1865 pronosticó el agotamiento del carbón mineral para los albores del siglo XX. Cambios tecnológicos mediante, la era del petróleo reemplazó a la del carbón. El petróleo sustituyó el carbón, y muchas reservas de carbón dormirán el sueño eterno. Hoy asistimos a una nueva sustitución intrafósiles, entre el gas natural y el petróleo. Esta sustitución hoy se profundiza por la paulatina "descarbonización" de las fuentes de energía impuesta por las restricciones ambientales.

Cuando la multinacional Shell decidió cerrar su división internacional de carbón y apostar a la apertura de una división internacional de hidrógeno, el responsable de esa nueva estructura popularizó una frase, hoy repetida por Zaki Yamani, el famoso ministro de petróleo saudita: "Así como el mundo dejó la edad de piedra mucho antes de que las piedras se agotaran; también dejará la era del petróleo mucho antes de que este se acabe".

El calentamiento global —asociado a los gases de efecto invernadero— se ha transformado en una verdadera amenaza planetaria. Los modelos de cambio climático empezaron a pronosticar con mayor acierto sequías e inundaciones en distintas regiones y que tienen relación causal con el exceso de emisiones.

Por otro lado, la revolución de la cibernética y las comunicaciones penetra las más variadas industrias, incluida la energética. La repuesta ambiental al problema del calentamiento global, y la revolución tecnológica subyacente, empiezan a forjar las bases de un nuevo paradigma energético.

El precio del petróleo puede acelerar o retrasar este proceso. La imposición de gravámenes a las emisiones de carbono también cumplirá un rol, y habrá una transición más o menos traumática, pero inevitable.

Primero se dará el tránsito a una mayor gasifi

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