Será imperativo rendir cuentas tranqueras adentro

Los exportadores de alimentos a la Unión Europea no sólo deben garantizar la trazabilidad del proceso productivo; también deben someterse a auditorías externas de los compradores.

22deNoviembrede2003a las08:56

Para que un proceso productivo sea eficiente no basta con una justa dosis de insumos, clima favorable, altos rendimientos y buenos precios. El mercado exige, además, una certificación de la calidad del proceso, como un reaseguro de la sanidad de los productos y del cuidado del medio ambiente.

Desde la difusión del "mal de la vaca loca" en Gran Bretaña, en 1997, y las decenas de consumidores muertos como consecuencia de haber ingerido carne de animales enfermos, en Europa la presión sobre los productores y los industriales ha crecido en forma exponencial, para contar con garantías de inocuidad en los alimentos.

La rapidez con que se expandió esa enfermedad despertó una gran desconfianza en los controles públicos sobre la cadena productiva. Por esto, los propios comercializadores se organizaron para establecer protocolos de buenas prácticas agrícolas, con los que deberían cumplir progresivamente los proveedores.

Esta serie de auditorías externas se transformó en una condición imprescindible para mantenerse en el negocio y, en consecuencia, en un nuevo costo que asumir. Hay que aclarar que, paralelamente, estas exigencias se impusieron en los Estados Unidos y en Japón.

Esto explica Hugo Hays, director técnico de Eurepgap, una empresa creada en 1997 por supermercados europeos con el objetivo de desarrollar normas de calidad para hortalizas y frutas, flores ornamentales, café, productos de la pesca y, ahora, para carnes bovinas, avícolas, porcinas, caprinas, y ovinas.

De visita en la Argentina, el técnico explica que, poco después de creada, la firma integró a los propios productores. Hoy Eurepgap certifica más de 60 productos, obtenidos por unos 15.000 productores, distribuidos en 30 países. Vale aclarar que la firma congrega al 70% de los supermercados europeos.

Cuando se desató el pánico entre los consumidores y el comercio de carnes en Inglaterra se fue a pique, "surgieron leyes por las cuales los supermercados debían hacerse responsables de la calidad de los productos de marcas blancas ,por lo que las cadenas de comercialización empezaron a controlar cada vez más los procesos de producción de sus proveedores". Al principio, cada cual impuso sus criterios, y esto llevó a contradicciones tales que fue imperativo consensuar las exigencias para con los proveedores. "En realidad, los productores ya hacían las cosas bien; el protocolo era un procedimiento para demostrar justamente eso tranqueras afuera", explica Hays.

Según el técnico, esta alianza entre el comprador y el proveedor "le da mucha más credibilidad al sistema que si fuese impuesto por los gobiernos europeos, pues la confianza en ellos cayó luego de que se difundió el mal de la vaca loca ".

Los protocolos de buenas prácticas agrícolas desarrollados por Eurepgap se aplican a producciones que cuentan con un sistema de trazabilidad, y "comprenden la seguridad alimentaria, la protección del medio ambiente y el bienestar del trabajador". Para comprobar que las decisiones tomadas a lo largo del proceso productivo respetaron esos tres ejes, se tiene en cuenta, por ejemplo, la aptitud agrícola/ganadera del lugar en el cual está emplazado el establecimiento, la fertilización y aplicación de agroquímicos (dosis y tipo de productos utilizados), la utilización de un sistema de riego (si lo hay), tratamientos poscosecha, nivel de formación del personal, etcétera.

Vale preguntarse qué costo supone este tipo de certificaciones para los exportadores de alimentos argentinos. Según Hays, los productores pagan unos 25 euros al año por estar registrados en Eurepgap, mientras que el valor de una auditoría externa oscila entre 300 y 600 euros (según el tamaño del establecimiento ).

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