Retenciones, contra el libre comercio

Aumentar la transferencia de recursos del campo hacia sectores más necesitados de la sociedad no generará riqueza ni crecimiento económico.

27deNoviembrede2003a las09:00

El proyecto de ley presentado por el diputado Mario Cafiero (ARI), que propone aumentar las retenciones de la soja bajo argumentos de detener la sojización, volver a la rotación de cultivos y mantener la biodiversidad, no toma en cuenta que en realidad toda la lógica de gravar al agro con impuestos a las exportaciones, analizada en su impacto y vista en el tiempo, no le sirve ni al país productivo ni al interior. Aún queda por verse si le servirá al propio destinatario, que en realidad lo que precisa es trabajo para recuperar su dignidad.

En primer lugar, las retenciones ocasionan un claro debilitamiento de la histórica posición internacional argentina en favor de la liberalización del comercio y en contra de cualquier práctica distorsiva del mismo. En segundo lugar, la "sojización" aludida por el citado proyecto no se ha dado solamente en detrimento de otros cultivos, sino desplazando a la ya alicaída ganadería.

La Argentina se ha posicionado internacionalmente como la "abanderada" de la lucha contra los subsidios agrícolas distorsivos de la Unión Europea, los Estados Unidos y Japón, especialmente en el ámbito del Grupo Cairns, cuando en ocasiones como el lanzamiento de la Ronda de Doha, Qatar, tuvo el rol más "duro" del grupo de países que defienden el libre comercio agroalimentario. Un posicionamiento que ha sido escuchado con atención y reconocido en todos los foros internacionales.

Trayectoria respetada

En suma, el país, y en especial las autoridades agrícolas que lo representan, han sido y son muy respetados por esta trayectoria de defensa del libre comercio, que fue desplegada con toda su intensidad y dimensión durante los años en que no tuvo retenciones.

El libre comercio es vital para la Argentina porque, eliminadas -o reducidas considerablemente- las prácticas distorsivas, dejaría los mercados en posición de ser conquistados por las naciones más competitivas, lo que sería ideal para el sector agroalimentario argentino, probablemente el más competitivo de la economía nacional.

Todos conocen el rol central que tienen las exportaciones para el crecimiento del país, por lo tanto la estrategia debería apuntar con coherencia a privilegiar un escenario internacional libre de distorsiones.

Ahora bien ¿cómo pedir el desmantelamiento de toda esta arquitectura distorsiva, formada por restricciones al ingreso de los productos como cupos, cuotas, escalonamiento arancelario o competencia desleal causada por subsidios internos a la producción, subsidios a las exportaciones y otros, mientras la Argentina "castiga" a sus propios productores?

No cabe duda de que, mientras no sean removidas las retenciones, se habrá perdido posicionamiento, coherencia y predicamento en las negociaciones internacionales, lo que ciertamente debilita a los negociadores argentinos por algo que, en última instancia, atenta contra los propios intereses argentinos.

La "sojización"

Quienes conocen los números de este fenómeno, indican que en vastas zonas del país agropecuario el avance de la soja tiene lugar a expensas de desplazar la ganadería hacia zonas y potreros de menor calidad y no tanto en detrimento de otros cultivos. Las rotaciones deben darse entre distintos cultivos pero también intercalando años de pasturas y ganadería.

Siendo esto así, la estrategia más apropiada sería darle vuelo a la ganadería en lugar de intentar desincentivar la soja mediante la propuesta de aumentar o inclusive mantener las retenciones. ¿Cómo hacerlo? Se deben tomar dos o tres decisiones políticas inexplicablemente postergadas que terminen con el abigeato, la faena clandestina -verdaderos "desarmaderos" de vacas y novillos- y el doble standard sanitario. Del resto, se ocupan los productores.

Temas en esta nota