Una historia de pioneros
Los detractores de la soja debieran documentarse un poquito más. Insisten en que la soja es un "invento de las multinacionales", interesadas en vendernos su tecnología para llevarse toda la renta al exterior, dejando en nuestro país una secuela de campos despoblados, hambre, desocupación, pérdida de identidad nacional y de soberanía alimentaria.
Les vamos a contar la historia reciente de este maná que nos llovió del cielo cuando más lo necesitábamos.
La soja en el país no es menemista, señores, ni neoliberal ni imperialista. Si es algo —para satisfacer a quienes califican cosas en función de ideologías—, es peronista. Hubo muchos esfuerzos durante el siglo XX por introducirla, pero todos fracasaron. Eminencias de la agronomía como Remussi, Pascale, Piquín, Saumell, dedicaron su vida a la soja, pero no lograron que arrancase como en Estados Unidos, primero, y Brasil, ya en los años 60. Hasta que llegó Armando Palau a la secretaría de Agricultura en 1974, durante el último gobierno de Juan Domingo Perón.
