La soja ataca el hambre... y el suelo

A mediados de la década pasada en el sector agropecuario se debatía si aprobar o no las sojas RR o genéticamente modificadas (GMO). Felipe Solá, a cargo en ese momento de la Secretaría de Agricultura, afortunadamente y en contra de muchos, entre ellos Greenpeace, las aprobó.

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29deNoviembrede2003a las09:54

Brasil, por el contrario, no los autorizó pensando que el mercado internacional se iba a inclinar por la soja no transgénica. Para esta campaña, el país vecino aprobó las sojas RR viendo que el mercado, en su mayoría, no discriminaba entre el aceite y las harinas proteicas provenientes de esas variedades.

Hoy, Brasil, con la soja transgénica, se perfila como el principal productor de la oleaginosa en el mundo.

La oportuna decisión de Solá fue el factor fundamental que permitió que la producción de la Argentina creciera proporcionalmente más que la de Brasil y, sin duda, ha ayudado mucho para que la crisis argentina de 2001 y 2002 no fuera más profunda todavía.

La crisis de la "vaca loca" en Europa y la prohibición de utilizar harinas de origen animal como alimentos de rumiantes aumentó la demanda de harina de soja. La seca en Europa y la mala cosecha en los Estados Unidos han hecho subir el precio de ella al más alto valor desde 1997. Nadie se preocupa mucho por si es transgénica o no. Por otro lado, en estos años no se ha presentado ninguna evidencia científica en contra de las sojas transgénicas o de sus productos o subproductos.

El aumento de la producción de soja a nivel mundial, pero fundamentalmente en América del Sur, ha permitido que muchos niños chinos, que son nuestro principal mercado y el primer importador mundial de soja y sus derivados, tuvieran más proteínas en su dieta. Lamentablemente, la Argentina es muy desorganizada, y muchos niños pasan hambre, en el país que más soja produce en relación con los habitantes.

Factor de riesgo

Sin embargo, tanto optimismo hoy puede ser lágrimas mañana. Como quedó demostrado en el último congreso de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), el monocultivo de soja es riesgoso; conlleva una disminución de la materia orgánica que degrada los suelos, que es uno de los activos más importantes del país y que debemos preservar para las generaciones futuras; ayuda a elevar las napas y a aumentar el problema de las inundaciones.

En algunas regiones del país, como Marcos Juárez y toda su zona de influencia, el 82% del área cultivada ya es soja: constituye prácticamente un monocultivo.

Según estimaciones del INTA, más del 50% de la soja cultivada en el país se siembra en campos arrendados en los que al arrendatario, naturalmente, le importa poco cuidar el suelo. Rotar y fertilizar parece que fuera lo más indicado y desde el Estado se deberían impulsar políticas activas en ese sentido, aunque a los fundamentalistas del liberalismo vernáculo los asuste.

Se impone ya una rebaja de las retenciones al maíz y una rebaja del IVA para los fertilizantes, para favorecer las rotaciones y fertilización y de esa forma cuidar el suelo.

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