De gorditos y flaquitos

Parece que el ministro de Economía, Roberto Lavagna, no pierde nunca la calma. Puede discutir con la buena de Anne Krueger, subdirectora del Fondo Monetario Internacional, o con algún exasperado tenedor de bonos argentinos con la misma tranquilidad que tiene cualquier buen asador de fin de semana largo.

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29deNoviembrede2003a las12:25

Sólo rompe esta armonía y se pone enfático cuando se ve obligado a responder una pregunta: ¿cuándo bajarán las retenciones a las exportaciones agropecuarias?

En un desayuno, adelante de 600 jóvenes emprendedores, criticó el "llanto fácil" de los que atacan este impuesto y explicó que "el día que pueda, hay que ir eliminando todos los impuestos a la exportación".

Meses atrás consideró que los productores que pedían la baja de las retenciones estaban atacados de algo así como una angurria crónica.

Estas declaraciones de Lavagna, que goza por estos días de una popularidad sin límites, dos o tres puntos por debajo de la del presidente Néstor Kirchner, están en la línea del "vos no estás tan mal, gordito" que inmortalizó el ex presidente Raúl Alfonsín al responder la queja de un neuquino excedido en kilos. Y es cierto: el campo no está tan mal. Se debería decir que, por el contrario, está pasando un muy buen momento.

Lo que en realidad se está discutiendo es si los argentinos creen que el "gordito", que entre otras cosas ayudó tanto en la crisis extrema que vivió el país con el ingreso de divisas por exportaciones, tiene futuro. Es decir, ¿vale la pena invertir o quitarle retenciones al sector agroalimentario porque se presenta como una de las mejores opciones que tiene el país para asegurar el futuro crecimiento económico?

Hasta el momento y por las señales que da el Gobierno, el futuro pasa más por el "flaquito" de la industria del software, que ya tiene un proyecto de ley de fomento y estaría a punto de tener media sanción del Congreso, que por las posibilidades del campo. Fomento para algunos y retenciones para otros: las dos caras de la moneda. De todas formas, el sector agroalimentario piensa dar pelea, demostrando su rol generador de empleo. Y vale la pena agregar que el agropecuario es casi por naturaleza un empleador comprometido con su pueblo y su región. "No somos una fábrica que trabaja en la ruta Panamericana que puede cerrar o mudarse de un día para el otro, sino que estamos absolutamente comprometidos con lo que le pueda ocurrir a la comunidad de este lugar", le escuché decir hace un tiempo a un alto directivo de la yerbatera Las Marías en General Virasoro, Corrientes.

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