Una situación que comenzó con el pánico financiero

La principal justificación de las retenciones es limitar el crecimiento de los precios internos de los bienes exportados como consecuencia de una devaluación anormalmente alta.

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06deDiciembrede2003a las08:35

Efectivamente, ante la crisis de 2001 se inició una huida de capitales que provocó una maxidevaluación del peso. Los exportadores tienen el derecho a una retribución justa por sus divisas, pero no una excesivamente alta, producto de un pánico financiero. Los consumidores de alimentos tampoco tienen por qué verse perjudicados por un alza excesiva de estos precios, por un pánico financiero. Para entender mejor lo sucedido, podríamos suponer que en la emergencia se establecieron controles cambiarios, dejando el dólar financiero libre, pero el dólar comercial en, digamos, $ 2,40.

En este caso, no se hubiera hablado de impuestos a la exportación, sino de control de cambios, como han tenido la mayoría de los países que transitan estas crisis. Obsérvese que en el caso actual, con retenciones explícitas, el BCRA emite moneda por el valor pleno del tipo de cambio y luego el fisco retiene ese 20 por ciento. Por lo que el "neto emitido" (emisión menos recaudación) por una exportación es igual que en el caso del mercado controlado: $ 2,40 por dólar, sin emisión, y sin "impuesto". Por eso muchos sostienen que en realidad las retenciones no constituyen un ingreso fiscal genuino.

El ejemplo anterior, al comparar las retenciones con un sistema de cambios múltiples, nos da una respuesta muy distinta acerca de quien paga las retenciones. Si consideramos que el tipo de cambio razonable es de alrededor de $ 2,40 por dólar, entonces la diferencia es efectivamente pagada por los importadores. Y una parte de estos sobreprecios es reasignada a los exportadores que tienen menos de 20% de retención.

Estos comentarios sirven para demostrar que es válido poner retenciones o controles de cambio, porque en realidad estamos ante un precio distorsionado por un hecho ajeno al proceso de exportación de productos agropecuarios. En el gráfico adjunto se puede observar que el tipo de cambio real con retenciones es mucho mejor que el que regía hasta la devaluación, sin retenciones. Por lo tanto, el sector no puede desconocer que su situación ha mejorado mucho con el abandono de la convertibilidad, y que no debe pretender beneficiarse de un pánico financiero.

Obviamente hubo en los últimos años una mejoría importante de los precios agrícolas, como puede verse en el gráfico. Pero este hecho no debe ser usado para incrementar ni para eternizar las retenciones. La razón es que, a diferencia del pánico financiero, el alza del precio de la soja, sí es propio del negocio exportador, y corresponde atribuírselo plenamente al productor. De lo contrario, los productores de otros países estarían incorporando avances tecnológicos gracias a los mejores precios, que no podrían efectivizarse en nuestro país, perjudicando en el largo plazo la producción agropecuaria.

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