La caprichosa ganadería argentina

Desde hace años las decisiones que se toman en Buenos Aires afectan seriamente a las economías regionales. La incipiente ganadería salteña no fue ajena a ello y hoy corre peligro por las políticas centralistas.

13deDiciembrede2003a las10:18

En los últimos años nuestros ganaderos se vieron avasallados por el capricho o humor de los funcionarios de turno que desde Paseo Colon y según convenga a la recaudación fijaron que tipo de carne y las conductas productivas debemos adoptar.

Hagamos memoria cuando a finales de los 90 solo necesitábamos de un decreto que disponga la victoria sobre la aftosa. Habida cuenta de que en otros lugares del mundo por esos días se padecía las consecuencias de la Encefalitis Espongiforme Bovina (vaca loca), salimos a venderle al planeta nuestra carne libre de aftosa y vaca loca; esto último fundamentado en el sistema silvopastoril ganadero, el que evita en encierro de los animales asegurando todo lo necesario para su dieta en la calidad de nuestra pampas.

Rematábamos, casi de modo de slogan, que nuestras vacas al caminar en procura del alimento "quemaban" grasas evitando esas carnes causantes de colesterol, ácido úrico y triglicéridos y otros males, con la grasa intersticial adecuada para no perder terneza y con el mejor sabor.

No era necesario entonces adicionar ningún tipo de ración o balanceado; los que podrían tener algún componente de origen animal; alejando así toda posibilidad de vaca loca. Era en ese momento la mejor y más sana carne del mundo; de ahí a la conquista de los mercados había solo un trámite.

Los muchachos de Paseo Colon convocaron a los famosos (Fangio, Sabatini) y otros embajadores (está claro que no tienen culpa alguna) salieron por el mundo a promocionar nuestras carnes, producto de ese tipo de cría en el que los semovientes entre el destete y el gancho conseguían esa calidad naturalmente.

...Y nos dedicamos orgullosamente a promocionar nuestras carnes, descuidando otros detalles; no paso mucho tiempo y la fiebre aftosa llamó a la "puerta principal" de nuestra casa.

Era tanto el tiempo que nos insumía la promoción que dejamos caer buena parte de la estructura de vigilancia epidemiológica, seguros de que nunca más vacunaríamos y nos encontramos con Fundaciones y Coprosas desarticuladas, sin laboratorios con capacidad para la elaboración de vacunas y otros detalles producto del oído sordo que hizo el centralismo a las advertencias provinciales.

En Paseo Colon se gesto otro brillante plan para superar el mal paso dado con el "encubrimiento"... y se gasta en la Pampa Húmeda vacunando y revacunando dos y tres veces, en viáticos y en análisis, producto de la toma de muestras que superaban la capacidad operativa del propio laboratorio de diagnósticos, una infinidad de dinero no calculado hasta hoy para salvar la ganadería argentina.

Los dueños de las vacas nada tienen que ver en esto y también fueron víctimas de esa conducta. Hasta este momento, el país libre de aftosa y vaca loca, no había conquistado ningún nuevo mercado y comenzaba a perder aquellos a los que accedimos con vacunación. Pasó lo que pasó, todos sabemos, por lo que evitaremos aquí la autoflagelación.

Los imponderables inundaban en el sur casi seis millones de hectáreas (una desgracia que aún se padece); la soja comenzaba su carrera invasiva sobre los campos otrora ganaderos y muchos tambos cerraron alquilando sus praderas para los sojeros que se aseguraban una renta impensada, pesificación mediante. Nosotros en Salta habíamos recuperado el perfil ganadero de la provincia.

Hubo un aumento importante de stock, implante de pasturas, radicación de vientres y reproductores, y otras mejoras genéticas y estructurales aseguraban un futuro auspicioso a nuestros productores, que para eso trabajaron.

Una provincia con diez años sin aftosa con una planta modelo de industrialización de carnes para exportar en zona de frontera,co

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