Trigo: La caja que financia los granos gruesos.

En los umbrales de la campaña triguera, las cotizaciones, costos fijos y la productividad de la siembra encabezan el ranking de preparativos y preocupaciones del hombre de campo...

09deMayode2005a las08:12

Se esperan recortes en los márgenes de ganancia, mayores exigencias a la hora de incorporar tecnología y se impone afinar la punta del lápiz para que no se diluyan los ingresos, esa "plata fresca" que, año tras año, deja la zafra triguera para encarar los planteos productivos fuertes del ciclo.

A pesar de esos datos, incluyendo la ligera merma que se proyecta para la siembra de este ciclo, las intenciones de implante ya están en las gateras porque representan la posibilidad de liquidez que tendrá el agro, traducida en los ingresos del verano, momento a partir del cual comenzará a perfilarse la campaña de granos gruesos, la que deja los ingresos anuales verdaderamente importantes.

El análisis de la estructura de costos para la cobertura 2005/2006 arranca con cotizaciones del cereal que acarician los 101/102 dólares por tonelada, la antesala de una ecuación económica que arroja márgenes brutos marcadamente menores a los del ciclo agrícola previo, embretados en costos fijos que no paran de crecer.

A pesar de los inconvenientes que se prevén, la campaña está en marcha y, una vez más, la Argentina producirá trigo recurriendo a paquetes tecnológicos probados para no fracasar en el intento de lograr altos rendimientos, a sabiendas de que buena parte de la renta será devorada inexorablemente por el apriete fiscal.

Desde la producción primaria se considera que, aún cayendo a unos 85/89 dólares por tonelada, el precio del grano a cosecha no sería desalentador, siempre y cuando la respuesta en rindes sea satisfactoria y no deje expectativas truncas.

De cara al nuevo escenario productivo, se está especulando con alcanzar un equilibrio sensato entre precio y retenciones, trabajando sobre la base de alcanzar rindes de indiferencia del orden de las 4 toneladas por hectárea que, en caso de recurrir a un arrendamiento, permitirán cubrir costos y lograr que cierre la ecuación económica.

Para las zonas productoras núcleo, en tanto, se esperan rendimientos de hasta 6 toneladas por hectárea, siempre y cuando el clima no juegue en contra, una productividad que permitirá mitigar los rindes promedio a nivel nacional.

Otro de los temas inevitables a considerar es el soporte tecnológico que se dará a los cultivos, que contempla diversas escalas de valores y productos a utilizar, de acuerdo con la región y características de los suelos.

Entre tanto, en números ciertos, la última campaña dejó un volumen de zafra de 16,3 millones de toneladas, logrados a partir de una productividad media de 27,4 quintales/ha, de los cuales quedó un saldo exportable superior al 60 por ciento de la cosecha.

Ahora, el impacto de las variables tecnológicas será decisivo para elevar los rindes y la expectativa no desciende si se decide trabajar en siembra directa y con el esquema de rotación de cultivo, situación que, de acuerdo con las regiones trigueras, definirá utilización y dosis de fungicidas, fertilizantes y otros insumos.

Más allá de las evaluaciones estrictamente culturales y agronómicas, existen otros factores que preocupan al productor agrícola: la relación directa entre presión fiscal, rindes y márgenes brutos.

Durante un reciente seminario sobre el cultivo, Jorge Ingaramo, director de Estudios Económicos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, puntualizó que con la actual presión impositiva, y a pesar de la suba del precio en las últimas semanas, "el margen bruto del trigo sigue siendo negativo (-27,1 dólares por hectárea), para un rendimiento promedio considerado de 27 quintales por hectárea".

Más precisamente graficó que "sobre una tonelada de trigo de 104 dólares por tonelada, se pagan 39,3 dólares de impuestos (sin incluir gan

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