Crisis energética en el campo.

La crisis energética volvió a afectar al agro esta semana. No fue la falta de gasoil para la cosecha gruesa como se había temido a principios de este año tras los problemas que hubo con el trigo y la cebada en diciembre de 2004...

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14deMayode2005a las08:09

La crisis energética volvió a afectar al agro esta semana. No fue la falta de gasoil para la cosecha gruesa como se había temido a principios de este año tras los problemas que hubo con el trigo y la cebada en diciembre de 2004. Esta vez el inconveniente lo padeció la industria oleaginosa, cuando en el campo se está levantando una cosecha récord del ciclo 2004/2005, estimada en 82 millones de toneladas.

La Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) advirtió que el 80% de sus empresas padeció cortes en el suministro de gas en los últimos días, pese a que aún no es invierno, el período de mayor consumo. Esa dificultad podría derivar en un incremento de sus costos en un 200 por ciento. Esa advertencia cayó como un balde de agua fría en el Gobierno que activó sus mecanismos de presión y les pidió a los industriales aceiteros que bajaran el tono de sus críticas.

El argumento oficial es que la industria oleaginosa no tenía de qué quejarse si había decidido contratar los servicios interrumpibles, es decir aquellos que podrían ser cortados en caso de haber un pico de demanda. Y que si tenían tanta necesidad de suministro podían haber participado de la financiación de gasoductos. Suena a absurdo el planteo, porque, dada el escasez de gas, las compañías no pueden pasarse a la modalidad de ininterrumpibles ya que el sistema no da abasto, según dicen los productores de gas. Además, las empresas aceiteras siguieron una estricta lógica de optar por la variante económica más conveniente.

El trasfondo de esta crisis está en la falta de inversión. Los expertos explican que en 2003 se perforó la mitad de pozos que en el promedio de la década del noventa. El propio presidente, Néstor Kirchner, admitió, recientemente, que había "una crisis del gas" y que, pese a que se prevén inversiones para ampliar la red de gasoductos, habrá que acostumbrarse a que a veces faltará gas porque el país crece.

Resulta paradójico que el complejo oleaginoso, que tiene inversiones en marcha por 700 millones de dólares para los próximos cinco años que aumentarán la capacidad de molienda, deba enfrentar estas dificultades. El problema energético pone en riesgo el papel de la Argentina como protagonista central en el comercio internacional de harinas y aceites. Y el campo no puede darse el lujo de retroceder en este terreno.




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