Agotamiento energético dará paso a los biocombustibles.

Crece la producción, se necesita mayor energía. Se sobrepasará la demanda actual. Los biocombustibles surgen como un reemplazante natural: entre ellos maíz, caña de azúcar y cereales...

26deMayode2005a las08:48

El consumo de energía en un país es el mejor indicador de su grado de desarrollo; es el combustible para el crecimiento y la necesidad básica para el bienestar económico y social. Pero en el tablero mundial y, en el de la Argentina en particular, se han encendido numerosas luces rojas. Las fuentes de energía tradicionales se están agotando aceleradamente y, de modo simultáneo, su uso aumenta y se expanden las graves consecuencias que depara al ambiente biológico. Es obvio, y ni hace falta aclararlo, que se conjugan dos elementos de grave peligrosidad: el agotamiento de los recursos que no son renovables, y el colapso ecológico.

Se estima que al ritmo de consumo actual, dentro de sólo 25 años, las necesidades mundiales de energía superarán a las actuales en 60%, y a su vez los combustibles fósiles continuarán representando 85% de la energía total consumida. En ese contexto, las demandas actuales de gas natural y de electricidad se duplicarían.

Como es de conocimiento general, nuestro país ya sufre las consecuencias. Cuando se crece, la demanda aumenta y resulta cada vez más complicado satisfacerla. Sobre todo, como en nuestro caso, porque contamos con una estructura de oferta energética que en 90% es provista por el gas natural y el petróleo, y cabe aclarar que las reservas comprobadas son de apenas 11 años para el petróleo y 15 para el gas. El mundo se lanzará, sin duda, a la lucha por el control de las fuentes existentes y a la búsqueda de nuevas técnicas para suplantarlas. Este será el escenario del siglo que corre.

• Dos áreas

Hasta el momento, las investigaciones se centran en dos áreas principales: la utilización del hidrógeno como combustible, que se encuentra recién en etapa de experimentación, y la denominada bioenergía. En este último ámbito, la agricultura y la silvicultura serían la principal fuente generadora de biomasa para producir biocombustibles de una eficacia similar a los actuales.

Los biocombustibles usan la biomasa vegetal como fuente de energía renovable. Estos pueden ser de características similares al diésel, ya sea elaborado a partir de semillas aceiteras y/o grasa de animales, como el denominado biodiésel, o producirse alcohol etílico, el llamado etanol obtenido a partir del maíz, la caña de azúcar u otros cereales, para ser mezclado con las naftas, con el consiguiente aumento en el número de octanos y mejoramiento en la calidad de las emisiones de la combustión.

Tanto los gobiernos como el sector privado en diversos países del mundo muestran un creciente interés por incrementar el uso de biocombustibles, especialmente en el sector de los transportes. El caso más notorio es el de Brasil, un adelantado en la materia, y más recientemente se han plegado la Unión Europea, los EE.UU., Japón y otros países.

En el año 2003, los Estados Unidos destinaron más de 25 millones de toneladas de maíz (11% de la producción anual del cereal) a la producción de más de 10.000 millones de litros de etanol, distribuidos en 72 plantas de procesamiento. Se estima que la producción de Etanol proporciona más de 200.000 puestos de trabajo en dicho país, estimulando muchas áreas rurales. Lo cierto es que la producción de etanol a partir de maíz en EE.UU. crece a razón de 30% al año.

Brasil es desde hace tiempo el líder zonal con 12.000 millones de litros, y avanza al compás de su cosecha de azúcar, con la que fabrica el etanol. Entretanto, China es el mayor productor asiático con casi 3.000 millones de litros anuales, ya ha construido la mayor planta de etanol del mundo y planea montar otra de las mismas dimensiones.

En la Unión Europea se ha dispuesto un conjunto de medidas legislativ

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