Agotamiento energético dará paso a los biocombustibles.
Crece la producción, se necesita mayor energía. Se sobrepasará la demanda actual. Los biocombustibles surgen como un reemplazante natural: entre ellos maíz, caña de azúcar y cereales...
El consumo de energía en un país es el mejor indicador de su grado de desarrollo; es el combustible para el crecimiento y la necesidad básica para el bienestar económico y social. Pero en el tablero mundial y, en el de la Argentina en particular, se han encendido numerosas luces rojas. Las fuentes de energía tradicionales se están agotando aceleradamente y, de modo simultáneo, su uso aumenta y se expanden las graves consecuencias que depara al ambiente biológico. Es obvio, y ni hace falta aclararlo, que se conjugan dos elementos de grave peligrosidad: el agotamiento de los recursos que no son renovables, y el colapso ecológico.
Se estima que al ritmo de consumo actual, dentro de sólo 25 años, las necesidades mundiales de energía superarán a las actuales en 60%, y a su vez los combustibles fósiles continuarán representando 85% de la energía total consumida. En ese contexto, las demandas actuales de gas natural y de electricidad se duplicarían.
Como es de conocimiento general, nuestro país ya sufre las consecuencias. Cuando se crece, la demanda aumenta y resulta cada vez más complicado satisfacerla. Sobre todo, como en nuestro caso, porque contamos con una estructura de oferta energética que en 90% es provista por el gas natural y el petróleo, y cabe aclarar que las reservas comprobadas son de apenas 11 años para el petróleo y 15 para el gas. El mundo se lanzará, sin duda, a la lucha por el control de las fuentes existentes y a la búsqueda de nuevas técnicas para suplantarlas. Este será el escenario del siglo que corre.