El agro baja el tono de sus reclamos.
Cansadas de tropezar siempre con la misma piedra —la rotunda negativa de Economía a discutir sobre las retenciones a la exportación—, las entidades del campo están produciendo un giro...
Cansadas de tropezar siempre con la misma piedra —la rotunda negativa de Economía a discutir sobre las retenciones a la exportación—, las entidades del campo están produciendo un giro casi imperceptible en su discurso para reconstruir líneas de diálogo con el Gobierno. Los agropecuarios no arriaron la bandera que proclama el final de ese "impuesto distorsivo". Pero sí han decidido que no sea ése su único estandarte en el campo de batalla.
No se trata de una claudicación; más bien es un giro impuesto por la realidad. Tras dos años de gestión de Néstor Kirchner, los ruralistas parecen haber comprendido que su prédica contra los derechos a la exportación ha sido una receta contraproducente. Es que tanta insistencia no hizo más que ensanchar la distancia que los separó todo este tiempo de los despachos oficiales, donde existen múltiples temas para negociar además del impositivo. No sólo el Presidente decidió no inaugurar la Exposición Rural en 2003 y 2004. Roberto Lavagna, ministro de Economía y Producción, estuvo varios meses desoyendo los pedidos de audiencia de las entidades.
Esa distancia parece haber comenzado a acortarse. Lavagna primero recibió en secreto a la Federación Agraria, luego a Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y hoy hará lo mismo con la Sociedad Rural. En todos los casos, los dirigentes llegan sabiendo que no tiene demasiado sentido hablar de las retenciones. El ministro siempre contesta que por ahora es impensable un cambio en el esquema fiscal.