Es hora de resucitar el Alerta Sanitario.

Los insectos plaga fueron, son y serán, siempre, una de las mayores preocupaciones de los productores...

14deJuniode2005a las08:48

Los insectos plaga fueron, son y serán, siempre, una de las mayores preocupaciones de los productores pues, se sabe, un inadecuado control de los mismos puede podar los rendimientos y, en consecuencia, la rentabilidad de los cultivos. El sostenido aumento de la superficie sembrada y de la producción en el país y la provincia, asimismo, obligan a prestar permanente atención y recursos para diseñar estrategias de manejo que reduzcan el accionar de las plagas.

En los últimos años, además, de manera especial en la soja, el cultivo de mayor crecimiento, se ha detectado una baja eficiencia en el control y fallas en la aplicación de los productos fitosanitarios, que obligan a reflexionar sobre el tema. Esta inquietud, incluso, movió a un grupo de técnicos entrerrianos a organizar un seminario-taller este viernes en Paraná para tratar la problemática y, en conjunto, intercambiar experiencias y elaborar conclusiones que permitan elaborar algunas líneas de acción para las futuras campañas.

Claro que cada vez que se habla del tema surge el recuerdo del Alerta Sanitario, un sistema que advertía a productores y técnicos sobre la aparición de distintas plagas, y que, lamentablemente, cayó —o, acaso, haya que decir, dejaron caer— en 2000 por falta de presupuesto, a pesar de que brindaba un excelente servicio, muy valorado por los productores. A cinco años de su desaparición, se extraña.

El Alerta Sanitario fue idea de tres profesionales de nuestro medio: María Luisa Ríos de Saluso, Carlos Debona y Julio Medvesigh, quienes advirtieron la necesidad de implementar un sistema que sirviera para avisar a los productores sobre la aparición de las plagas, elaboraron un proyecto y lo presentaron a las autoridades del Gobierno de la provincia, el INTA y la Facultad de Ciencias Agropecuarias. La iniciativa tuvo eco y así, formalmente, nació el Alerta Sanitario en Entre Ríos. Corría el año 1990.

A Ríos de Saluso, Debona y Medvesigh se sumaron luego Olga Ermácora y Marta Anglada, quienes junto a una red de 13 profesionales de los departamentos de la costa oeste de Entre Ríos comenzaron a brindar el servicio que duró 10 años.

La metodología de trabajo era sencilla. Los ingenieros agrónomos informantes, diseminados en los departamentos La Paz, Paraná, Diamante, Victoria y Gualeguay, recorrían los lotes, relevaban la información y la transmitían por teléfono al encargado de redactar el informe técnico, luego difundido masivamente a través de los medios de comunicación. Así, semana a semana, los productores tenían información fresquita sobre la aparición de cada plaga, su metamorfosis, los umbrales de daño económico y la manera de controlarla. El sistema creció, se afianzó y se mantuvo por una década gracias al trabajo silencioso de sus integrantes —nunca hubo demasiado presupuesto, quizá deba decirse nada—, en especial de la profesora María Luisa Ríos de Saluso, tal vez una de las entomólogas más destacadas del país, aunque no siempre reconocida.
En 2000, sin embargo, se firmó el acta de defunción del Alerta Sanitario y, a decir verdad, nadie hizo mucho por evitarlo. Desde entonces, los productores carecen de un instrumento vital para el control de las plagas.

Por eso, quizá, ante el indetenible avance de la agricultura en Entre Ríos, sea el momento adecuado para que los responsables del Gobierno, el INTA y la Facultad de Ciencias Agropecuarias, se sienten a una mesa, analicen el tema y adopten la decisión política de resucitar el sistema Alerta Sanitario, adecuarlo a los tiempos —hoy debiera ser un sistema de Alarma Sanitaria—, brindarle todo el apoyo necesario —político, administrativo y económico— y darle a los productores una herramienta probadamente eficaz. Sería, por cierto, una buena noticia.

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