El agro necesita representantes.

El sector agropecuario no necesita grandes políticas, necesita tener voces públicas que sean respetadas por los funcionarios...

23deJuniode2005a las08:40

El sector agropecuario no necesita grandes políticas, necesita tener voces públicas que sean respetadas por los funcionarios. Si trabajamos en equipo con una sola voz nacional, con un parlamento de representantes genuinos del campo seremos escuchados, como ocurre en Brasil.

Es necesario destacar que en los últimos 14 años el sector agropecuario pasó de producir 30 a 84 millones de toneladas a pesar de todos los avatares que tuvimos que pasar los productores. Así dimos una muestra cabal de la respuesta del sector, ante la crisis de 2001, sin tener políticas de Estado y muchas veces siendo castigados con políticas discriminatorias. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿cuánto más habríamos crecido si hubiéramos trabajado pensando más en las normas, que en las disposiciones de los funcionarios?

Es fundamental concretar políticas de Estado para darle previsibilidad a quien invierte y trabaja a largo plazo. Asimismo, el sector debe recibir el valor total que determina el mercado y dejarlo desplegar con toda la iniciativa individual, que es la mejor receta para el crecimiento sostenido. Por eso no hay que engañarse con quienes hoy dicen que representan al sector. El Frente Cívico para la Libertad y la Justicia Social, en el que participo, no puede equivocarse con propuestas de candidatos que no estén en condiciones de sostener políticas para el sector agropecuario y agroindustrial. Debe contar con todos los fundamentos necesarios, para no caer en transacciones políticas, dictando leyes que no se deroguen cuando pasan las crisis. Ya la propuesta que elaboramos dos años atrás es la misma posición que sostuve como asesor de Recrear en la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados y que no mereció ningún cuestionamiento del partido, y algunas de ellas, convertidas en proyecto de ley presentadas por el diputado Hugo Martini.

Dicha propuesta se fue concretando con el aporte de dirigentes políticos y de diferentes cámaras o asociaciones que aportaron sus conocimientos para concretar un lineamiento económico que le permitirá al sector agroindustrial ser tratado en igualdad de condiciones con respecto a los otros sectores de la economía del país.

Hoy, esa propuesta sigue teniendo plena vigencia con mucha más razón, ante los graves desvíos y retrocesos que se van produciendo en la economía. Sobre todo, en este momento en particular, ante las innumerables medidas y regulaciones que potencian la inseguridad jurídica, provocando que las grandes inversiones se alejen de los sectores productivos e incluso emigren al exterior. Como ejemplo se puede mencionar a la cadena de la carne, que no pudo avanzar con un plan ganadero, con un SENASA que sigue sin cambios, la productividad del rodeo estancada, con una evasión que se mantiene, y como si fuera poco, con un mal manejo en la distribución de la Cuota Hilton. Fenómeno que se repite en todos los gobiernos, procurando que no suba el precio de la carne para mantener los salarios baratos. La consecuencia de todo esto es que Brasil se convirtiera en el mayor exportador de carne del mundo y cuando se le pregunta cómo lo hicieron, los funcionarios contestan que gracias a la Argentina.

En las políticas para el sector agropecuario se deben dejar de lado las ideologías y pensar en los intereses del productor y del país. Ese productor, que es el que convierte la producción en alimentos, a partir de innumerables pymes, trabajando en red para conseguir una economía de escala. La mejor política social es la de generar trabajo genuino. Esto permitirá retener a la gente en el interior, como una acción geopolítica para poblar nuevamente todo nuestro interior. Definiendo ese marco institucional, fundamental para que funcionen todos los engranajes de una economía en crecimiento, es neces

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