El trigo va por nuevos rumbos.

Reconocidos técnicos nacionales y del exterior participaron de un encuentro organizado por la empresa Syngenta...

25deJuniode2005a las08:32

El trigo argentino tiene un camino promisorio por recorrer. Puede salir del escenario de rentabilidad comprometida en que se encuentra actualmente y en poco años duplicar sus rindes. Pero para lograrlo debe aprovechar a pleno la tecnología disponible. Ese es el desafío que plantearon destacados especialistas del cultivo, en el Simposio Trigo Syngenta 2005, realizado en Mar del Plata, que contó con la presencia de 150 técnicos de todo el país, líderes de asesoramiento en las diversas regiones.

"En relación a los 2.000/2.500 kilos promedios por hectárea de los últimos años tenemos bastante brecha para crecer. La potencialidad es mucha. Hay que evaluar cada zona, pero podemos asegurar que algunas variedades de ciclo largo ya podrían ofrecer 6.000 kilos", afirmó Daniel Miralles, de la cátedra de Cerealicultura de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba).

Jorge González Montaner, coordinador de la zona Mar y Sierras de Aacrea, fue incluso un poco más optimista, basado en su experiencia en el sudeste bonaerense. "En 2004 tuvimos rendimientos máximos de 7.500 kilos por hectárea, que en pocos años podrían ser nuestros promedios", pronosticó.

Nadie desconoció que esta posibilidad cierta enfrenta dificultades, como el aumento del precio en algunos fertilizantes. Sin embargo, según argumentó Montaner, "se podría salvar ese escollo si uno hace todo bien y explota los potenciales disponibles. Tenemos muchas posibilidades de crecer. Hay variedades argentinas que están brindando muy buenos rendimientos, pero no son muy utilizadas".

Con todo, aún desde sus respectivas especialidades, los expertos subrayaron la importancia de plantear una estrategia completa. El fitopatólogo Juan Annone, del INTA Pergamino, sostuvo esa idea con énfasis. No duda de que, "si el productor invirtiera en las semillas más adecuadas, realizara prácticas de manejo más precisas y aplicara oportunamente los productos que protegen los cultivos, daríamos grandes pasos para reducir riesgos y en pocos años subirían fuerte los rindes".

Miralles abrió las disertaciones abogando por la utilización de tecnologías del conocimiento, como los modelos de simulación y las imágenes satelitales. Recomendó monitorear los lotes a partir de la encañazón, para detectar en forma temprana la presencia de enfermedades y realizar la aplicación durante el período crítico (entre los 20 días previos a la floración y los 5/10 posteriores, "cuando las enfermedades reducen el área foliar y comprometen la capacidad de intercepción de radiación". Como novedad para estimaciones precisas, Miralles presentó un programa de computación desarrollado por la Fauba, denominado Cro notrigo, para predecir los eventos fenológicos en el cultivo.

Además, el investigador del Conicet remarcó que "es muy importante bajar la mortandad de las flores (un 80%), porque el número de las fértiles determina la cantidad de granos por metro cuadrado, lo cual incide mucho más que el peso por grano en el volumen final". En ese sentido, se valoraron los curasemillas de Syngenta (Dividend, protector de la germinación; Cruiser insecticida sistémico para el control en la emergencia de las plántulas; y Zardex, con la mejor relación costo-beneficio), "porque —explicó Miralles— un arranque sano permite un crecimiento vigoroso. Cualquier estrés de los macollos afecta el rendimiento potencial".

Enfocado sobre la sustentabilidad del negocio, González Montaner subrayó que "el trigo en nuestro sistema no puede faltar. La fácil es hacer soja-soja, pero en el largo plazo se afecta seriamente la potencialidad de los cultivos". Y coincidiendo en que "el número de granos es el factor que más determina el rendimiento", expuso diferentes resultados, como el que indica que la absorción de urea y foliarsol ha sido exa

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