Soja, sustentabilidad y capital social.

Con la asistencia de unas 1.400 personas —una cifra inferior a la esperada— pero con la participación de los principales actores de la cadena productiva se realizó la última semana en Buenos Aires Mundosoja 2005...

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29deJuniode2005a las09:09

Con la asistencia de unas 1.400 personas —una cifra inferior a la esperada— pero con la participación de los principales actores de la cadena productiva se realizó la última semana en Buenos Aires Mundosoja 2005, encuentro organizado por SEMA (Servicios y Marketing Agropecuario) con el apoyo, entre otras entidades, de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea), y la novel Acsoja, que agrupa a 27 instituciones públicas y privadas vinculadas con la oleaginosa.

Los organizadores, al promocionar el congreso, decían que “el mundo de la soja es inmenso, tenemos dos días para recorrerlo” y, en verdad, quedó claro que en la Argentina, a pesar de la explosiva expansión del cultivo, todavía hay mucho —muchísimo— trecho por recorrer en materia de investigación.

Bajo el lema Superando las barreras con responsabilidad, en el encuentro se escucharon disertaciones de expertos en agroindustria, tecnología, nutrición, fertilización, sanidad, malezas, plagas, y modelos de producción, entre otros temas, que abarcaron, prácticamente desde todos los ángulos, el presente y futuro del más importante —y polémico— cultivo de la Argentina.

El nivel de las exposiciones, sin embargo, no satisfizo a todos. “Hubo charlas de escaso vuelo, muy lejos de lo que uno espera en este tipo de congresos”, se le escuchó decir a un entrerriano asistente a Mundosoja 2005; otro, menos crítico, ponderó “algunos buenos planteos teóricos”, aunque admitió que “no hubo novedades significativas” en materia de investigación.

Más allá de lo técnico, merece destacarse el espacio destinado a analizar el costado político y social de la soja. En este sentido, el presidente de El Tejar, Oscar Alvarado, instó a transformar las ventajas comparativas del cultivo en ventajas competitivas. El empresario, asimismo, consideró central para conseguir ese objetivo la construcción de capital social, que definió como la capacidad de alcanzar consenso para la generación y distribución de la riqueza. Este punto, en honor a la verdad, sí fue novedoso porque no es común que desde el sector empresario argentino —tan alejado de las necesidades de los trabajadores— se hable y, aun más, se exhorte a repartir mejor la torta.

En otro orden, en tanto, si bien se escucharon ponencias sobre la factibilidad de lograr la sustentabilidad del cultivo, a partir de la utilización de las tecnologías de procesos existentes, faltó, quizá, un discurso político sólido, uniforme y claro para rebatir los argumentos de aquellos sectores que consideran que la soja convertirá al campo argentino en un desierto. La diversidad de las entidades convocantes y participantes del encuentro, acaso, haya sido la causa de esa ausencia que, en un congreso de la magnitud de Mundosoja 2005, se hizo evidente.

Ese discurso, según nuestro juicio, es indispensable porque no deben quedar dudas —argumentaciones sobran— sobre la sustentabilidad de la soja si se siguen las recomendaciones —rotación, en primer lugar— de los técnicos. No debe olvidarse, además, que la soja constituye el principal recurso al que apela el Estado, vía retenciones, para financiar los planes sociales. Tampoco, como siempre recuerdan los más enérgicos defensores de la oleaginosa, que “la soja evitó, tras la crisis de 2001, una guerra civil en la Argentina”.

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