Dirigentes de campo deben ganar representatividad.

Cuando buena parte de la dirigencia política, empresarial y sindical de un país manifiesta conductas que ponen en evidencia deterioro moral, ético e intelectual, la comunidad a la que pertenecen no puede enfrentar el futuro con dignidad...

07deJuliode2005a las08:33

Cuando buena parte de la dirigencia política, empresarial y sindical de un país manifiesta conductas que ponen en evidencia deterioro moral, ético e intelectual, la comunidad a la que pertenecen no puede enfrentar el futuro con dignidad ni pensar en el porvenir de las próximas generaciones con una perspectiva promisoria para alcanzar un auténtico desarrollo nacional.

Esto es lo que sucede en la Argentina de hoy, inmersa en una crisis de representación de los dirigentes que no excluye a los del agro. Esta crisis es consecuencia directa de la confusión de ideas y de principios, de ansias de figuración, protagonismo y poder, y de actitudes autoritarias de dirigentes y de funcionarios sin vocación de servicio o neutralizados por los intereses económicos que detentan el poder de decisión real, secuestran nuestra incipiente democracia y sólo permiten que la política de los negocios particulares y corporativos prevalezca por encima de los fines de la noble política.

Las mujeres y los hombres del campo quedan entonces sin fuerza gremial genuina y atrapados por sistemas productivos dependientes de unas pocas empresas e individuos que desde adentro y desde afuera de nuestras fronteras manejan sectores estratégicos monopólicos o cartelizados de la economía, marcan a los dirigentes la agenda de los reclamos, ocultan al campo como territorio nacional y, como consecuencia, logran imponer políticas y decisiones que expulsan y desarraigan productores agropecuarios, destruyen cultura productiva, desnacionalizan y concentran la economía y la propiedad del suelo, del agua y del subsuelo, impiden el debate sobre los temas de fondo y excluyen a los que piensan diferente. Así, dirigentes vacíos de contenido y dirigidos sin conducción coherente que los representen permanecen cautivos frente a una política en apariencia exitosa, con cosechas récord y alimentos para más de 300 millones de seres humanos, pero donde la mitad de los niños de su escasa población se encuentra desnutrida y anémica, desaparece el bosque nativo, se contaminan los ambientes y se pierde la biodiversidad, mientras el paisaje que mostraba pequeñas y medianas empresas rurales con cientos de miles de productores argentinos se va transformando en territorio de latifundios sin agricultores y la factoría avanza sobre la Argentina.

Para defenderse de este proceso de disolución del tejido social del interior, los productores deben unirse a través de organizaciones gremiales agropecuarias democráticas, participativas y federales, sin discriminaciones ni paternalismos de ninguna naturaleza, y movilizarse en defensa de sus legítimos derechos a través de un gran movimiento agropecuario nacional. Son muchos los excluidos y discriminados que quieren opinar ante la Secretaría de Agricultura de la Nación y demás estamentos políticos de decisión, y participar en todas las mesas y ámbitos de discusión donde su presencia es vedada desde las sombras del poder establecido. Por nuestra parte, hemos fijado públicamente nuestra posición sobre diversos temas y creemos oportuno plantear, entre otras cuestiones, que el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina superpone funciones correspondientes a otros organismos y, por consiguiente, debe dejarse de imponer este nuevo gravamen a cargo de los productores, hasta ahora aplicado para tan sólo decorar oficinas, practicar turismo y cubrir cargos con sueldos y gastos de representación.

• Salir del monopolio

Es necesario: debatir y aportar ideas que contribuyan al diseño de un sistema de trazabilidad ganadero sin costos ni burocracia inconducente, que al mismo tiempo garantice la calidad, la sanidad y el

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