En el sector agropecuario, Blair los puso al borde del nocaut.

La pelea entre el proteccionismo agrícola y los que buscan liberalizar el comercio es tan larga que parece no tener fin...

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16deJuliode2005a las08:52

Sin embargo, por estos días los proteccionistas soportaron uno de los peores rounds que se tenga memoria al punto que amagaron con tirar la toalla. Es que ocurrieron dos hechos extraordinarios que se salieron de los carriles previstos.

Primero pegó el primer ministro inglés, Tony Blair, que al asumir la presidencia rotativa de la Unión Europea (UE), propuso algo tan radical e impensado años atrás, como es eliminar todos los subsidios a la agricultura. Lo dijo así de simple: "Europa necesita de un presupuesto moderno y de largo plazo que permita enfrentar los desafíos. Un presupuesto moderno no es un presupuesto que dentro de 10 años aún dedique un 40% a la Política Agrícola Común". Blair está convencido de que los 50.000 millones de dólares que se emplean para subsidiar al agro europeo, sólo el 5% de la población, se deberían utilizar en mejorar la educación y la investigación.

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El segundo golpe a los proteccionistas vino de Dalian, China. Allí se reunieron esta semana 32 ministros de Comercio y Economía, con Roberto Lavagna incluido, para negociar la liberalización del comercio agrícola. Lo extraordinario no fue que el G20, el grupo de 20 países en desarrollo liderados por China, Brasil y la India, presentaran una propuesta muy elaborada de acceso a los mercados, sino la aceptación que tuvo entre los europeos, japoneses y norteamericanos.

Esto significa un gran cambio. "Que esta propuesta haya sido aceptada y felicitada es algo absolutamente novedoso", se sorprendía Ernesto Liboreiro, director ejecutivo del Instituto de Negociaciones Agrícolas Internacionales (INAI). Tanto Tony Blair, que imagina una Europa moderna sin el descomunal presupuesto agrícola, nada menos que la actual columna vertebral del acuerdo europeo, como el G20, que trabaja con una admirable efectividad, prometen seguir pegando.

Se sabía, en este mundo donde todo cambia aceleradamente, que nada era eterno, ahora se presume que los subsidios tampoco lo son.

 

 

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