Volatilidad, riesgos y oportunidades. Por Flavia Rossi de fyo.com.

Pasó otra semana volátil para la soja en Chicago, que en un solo día perdió más de lo ganado con esfuerzo en las jornadas anteriores...

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05deAgostode2005a las10:08

Pasó otra semana volátil para la soja en Chicago, que en un solo día perdió más de lo ganado con esfuerzo en las jornadas anteriores. Los fondos siguen mostrando resistencia para incrementar sus posiciones compradas, con pausa para tomar ganancias luego de subas importantes.

En tanto, el mercado local está relacionado con los vaivenes externos, y varía según el producto y el momento del año. Estos cambios tan abruptos, y que tanta confusión generan, traen asociada la oportunidad de hacer buenos negocios. Por lo tanto, es valioso el esfuerzo de observar cómo fue el comportamiento pasado.

Llamamos volatilidad a la medida estadística del movimiento pasado de precios, que sirve para estimar la probabilidad de cambios bruscos en los valores. En otras palabras, la volatilidad se mide a través del desvío estándar de los cambios diarios de los precios, y suele utilizarse la medida anualizada de esta variable. Del comportamiento de los últimos 25 años podemos sacar algunas conclusiones:

La escasez de la mercadería aumenta la volatilidad de los precios. Se revela al observar la forma en la que los precios de la soja de Chicago reaccionaron frente al continuado recorte en el ratio “stock-consumo” en los últimos 10 años. El patrón también se nota en el mercado del maíz y del trigo, aunque por períodos más cortos.

La interpretación es muy intuitiva y general: cuanto menor es la cantidad de un bien, más tendrán que ofrecer los agentes y más sensibles serán los cambios de las ofertas. En general, cuando la oferta es suficiente para abastecer a la demanda (especialmente cuando ésta es rutinaria), los niveles de volatilidad son bajos.

Altos niveles de precios asociados a mayores niveles de volatilidad. El fenómeno se observa en la correlación que mostraron los precios FOB Golfo de los tres productos con relación a las variaciones de esos valores. El caso del trigo es un ejemplo, ya que los precios externos tuvieron una clara tendencia al alza desde el 2000, que estuvo acompañada de volatilidad en aumento. Una de las interpretaciones de este comportamiento es que, cuando los valores están muy alejados de los promedios, se incentiva el ingreso de inversores ajenos al mercado (fondos no comerciales y fondos índices), por lo que las correcciones técnicas –tomas de ganancias– son más frecuentes.

El período de mayor volatilidad de soja y maíz se da entre junio y agosto, con pico en julio. El momento de mayor fluctuación está íntimamente relacionado con el ciclo de desarrollo de cada cultivo (tal el caso de la polinización del maíz y floración y llenado de granos de la soja). Las mayores variaciones del trigo se producen entre abril y julio, cuando éste madura y se cosecha en el norte.

Un período es de “alta volatilidad” cuando el nivel supera el 25 por ciento. Este año, los precios de la soja de Chicago han mostrado niveles altos de volatilidad durante febrero y marzo (28 por ciento y 32 por ciento respectivamente) por el mayor ingreso de los fondos no comerciales hacia las commodities, y durante junio y julio (38,6 por ciento y 36 por ciento) por el temor de pérdida de rindes ante la sequía. El maíz incrementó su nivel de fluctuación recién en junio y julio (34 por ciento y 49 por ciento), cuando la sequía cuestionó la validez del escenario bajista de excedente de oferta estimado por el Usda meses atrás. El trigo no fue la excepción, y mostró una alta volatilidad en el año.

Todo esto nos hace pensar que la elevada volatilidad de la campaña actual es un hecho que no se puede negar, por lo es necesario elegir alguna estrategia que nos permita cubrir los riesgos de bajas sin renunciar a las posibilidades de los mejores precios.

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