Materia orgánica, un tesoro bajo tierra.

Cuidar y enriquecer los suelos es imperioso y estratégico...

16deAgostode2005a las08:54

Cuidar y enriquecer los suelos es imperioso y estratégico. El tema dominó las conferencias del tradicional encuentro de la entidad realizado en Rosario. “La siembra directa no es siembra directa sin carbono”, se destacó.

Piense en carbono, piense en dólares”. La frase, como una gigantografía, se desplegó en las pantallas, mientras el investigador del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, según su sigla en inglés), Donald Reicosky, la repetía como un eco que retumbaba “en estéreo” a través de su traductora.

La imperiosa y estratégica necesidad de cuidar y enriquecer los suelos con materia orgánica, sumada a la incipiente posibilidad de transformar esa práctica en créditos de carbono, fue uno de los temas que dominó las conferencias y las charlas de pasillo del 13er. Congreso Nacional de Aapresid, que se desarrolló en la Bolsa de Comercio de Rosario.

Está claro que el más importante capital que tienen los agricultores es la tierra, y que de su “salud” depende el resto de la cadena, tanto productiva como generacional. Pero no sólo el clima y el tipo de suelo condicionan la presencia de materia orgánica: también el manejo es clave.

Por esa razón, el cambio de paradigma que significó pasar del modelo de labranza a la siembra directa es, para Aapresid, la “oportunidad” de corregir los errores del pasado y asegurar “sustentabilidad” al campo.

“La siembra directa no es siembra directa sin carbono”, exclamó otro estadounidense, Dwayne Beck, del South Dakota Lakes, quien comparó a los microorganismos subterráneos con animales vacunos.

“Son como el ganado. No se llevan bien con una dieta que no sea balanceada”, agregó. El especialista hizo hincapié en la fertilización con nitrógeno y cultivos de cobertura para mantener ”alimentado al ganado” y agregar “tiempo biológico” al esquema.

Comunidad edáfica. La materia orgánica es una especie de comunidad edáfica. El efecto contraproducente de la labranza convencional es, precisamente, romper esa asociación de residuos, sustancias húmicas y biomasa microbiana, al permitir el violento ingreso de oxígeno.

Las rotaciones y coberturas, en cambio, le otorgan un “techo” bajo el cual puede desarrollarse con raíces vivientes que evitan la compactación. Beck arrojó un poco más de luz al advertir que, con una materia orgánica del 1,5 %, la retención de agua no supera los 20 kilos, mientras que con 4,5 %, la captura del líquido se eleva hasta 90 kilos.

Pero aunque parezca una verdad de Perogrullo, “sembrar sin arar no es suficiente para cuidar la salud del suelo”, afirmó Gustavo Moscatelli, del Instituto de Suelos del INTA, quien también advirtió que la degradación está “enmascarada por la tecnología”.

El especialista instó a los productores a realizar sus propias evaluaciones a través de la “valija de campo” —basada en las prácticas de John Doran— para medir ciertos indicadores. De todos modos, el desafío está en cómo elevar el porcentaje de materia orgánica en suelo.
Juan Galantini, de la Universidad Nacional del Sur, consideró que la ausencia de laboreo ayuda a la redistribución en los primeros 10 centímetros, pero que el aumento depende de la cantidad y calidad de rastrojos, además de la fertilización.

Por su parte, Alfredo Lattanzi, del INTA Marcos Juárez, señaló que la combinación de gramíneas y leguminosas es uno de los caminos a seguir. En su exposición, Lattanzi aportó las conclusiones de un estudio de largo plazo en un suelo argiudol típico del sudeste cordobés.

Los ensayos demostraron que los sistemas mixtos con una rotación de trigo/soja-maíz y pasturas perennes en base a alfalfa permiten una mejor recuperación de la materia orgánica lábil.

El mismo esquema agrícola sin cobertura continua arroj

Temas en esta nota