Exige reflexión el Día del Productor Agropecuario.

La actividad del productor agropecuario fue evolucionando con los requerimientos de los mercados internacionales de alimentos...

Por
09deSeptiembrede2005a las08:10

Existe una idea de progresoque se asocia con el camino de la civilización moderna y el reconocimiento de que la humanidad avanza del pasado al futuro, va de lo atrasado a lo moderno.

Dentro de esta concepción, lo rural es entendido como lo atrasado, lo primario, aislado y con pautas de valores socioeconómicos propios.

Esa vieja visión, presente en nuestros días, no puede sostenerse más si se pretende visualizar un esquema de desarrollo y de cambio de la sociedad en un sentido diferente. El concepto de desarrollo actual, aunque sigue marcado por su equivalencia con la acumulación, la industrialización y el consumo, ha estado cuestionado por el reto de la equidad.

Y es quizá la persistencia y la pobreza lo que plantea el mayor desafío a este modelo general de desarrollo que encuentra puntos de debilidad por todas partes. Sólo en los últimos años es posible ver cómo a pesar del crecimiento notable de la producción nacional, ayudado por la escalada de los precios internacionales y factores económicos y ambientales locales, los productores y sus familias se enfrentan con dificultades cada vez mayores para mantenerse en el medio.

El crecimiento que indican las estimaciones esconde, en realidad, condiciones de desigualdad e injusticia social de una magnitud poco pensada. La brecha entre un número reducido de empresas e inversores fundamentalmente extranjeros dueños de los recursos y por ende de los excedentes que genera la producción, y los pequeños y medianos productores con cada vez mayores dificultades para mantener tierras propias o hacer frente a los elevados costos de arrendamientos, cada día se acentúa más.

Acostumbrado a producir con el simple recurso de la intuición y la imitación, el productor depende ahora más que nunca de las políticas nacionales e internacionales, de las señales del mercado y de la competitividad empresarial, lo que implica un proceso de adaptación y aprendizaje a la vez que un cambio rotundo en las formas de gestión tradicionales.

Frente a este crecimiento de la producción concentrado en pocos actores, el sector rural sigue perdiendo población originaria con recursos propios y fuentes de trabajo dignas. Los jóvenes del campo encuentran pocas posibilidades, sumado a la dificultad creciente de acceso a la educación en su propio medio. La equidad es una meta que en este incipiente siglo XXI está aún muy distante, visto que los procesos de concentración de la riqueza y de los medios de producción siguen siendo factores que prevalecen.

En ese sentido, un reordenamiento del territorio con carácter justo, la integración del medio rural en las políticas económicas generales del país, el fortalecimiento de la democracia participativa en todos los espacios de discusión y toma de decisiones, se convierten en factores imprescindibles para llevar adelante una estrategia humana de desarrollo que tome como eje al sector rural.

Pero revertir esta situación implica comenzar entendiendo que lo rural va mucho más allá que la producción agropecuaria en sentido netamente económico, sino que es necesario entenderlo como un ámbito de desarrollo social, cultural, con un gran sentido de lo genuino, del trabajo y el esfuerzo y con una fuerte carga de identidad nacional.

Temas en esta nota