Preocupación por la roya

Para muchos productores agrícolas, los meses de enero y febrero serán inquietantes para quienes se dedican a la soja, ya que se trata de una época crítica para el cultivo.

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15deSeptiembrede2005a las08:31

Para muchos productores agrícolas, los meses de enero y febrero serán inquietantes para quienes se dedican a la soja, ya que se trata de una época crítica para el cultivo.

Según lo explicó Norma Formento, una reconocida fitopatóloga del INTA Paraná, en una nota publicada por un matutino porteño, “la sojización llevará a un aumento de las enfermedades de fin de ciclo (EFC)”.

Junto a una decena de los más reconocidos fitopatólogos del país, Formento, y más de 50 asesores CREA de diversas regiones, analizaron en un encuentro la evolución y perspectivas de las EFC y, dentro de ellas, de la roya.

El brasileño Miguel De Paula Salles, gerente de funguicidas para Latinoamérica de la compañía, contó que en Brasil, que tiene bastante más experiencia que la Argentina en el combate a la roya, la atención que se le prestó a ésta enfermedad con potencial devastador sirvió para que se le diera importancia a otras, que también producen pérdidas, aunque en general menos severas, y que parecían no estar en la agenda de los productores.

Para De Paula Salles, el agricultor que no quiere correr riesgos debe estar encima de sus cultivos en el período crítico, que en buena parte de la Argentina cae entre enero y febrero, o al menos dejar a gente capacitada encargada de ese monitoreo.

Como dijo Marcelo Carmona, reconocido fitopatólogo de la Universidad de Buenos Aires, “el monitoreo es imprescindible y la acción más racional”.

Es que la roya no da revancha, al menos en la misma campaña. Si no se la detecta a tiempo y se actúa en consecuencia (es decir, se aplican funguicidas), las pérdidas pueden llegar a ser casi totales.

La campaña pasada fue relativamente tranquila para la Argentina en materia de roya. La falta de condiciones apropiadas (19 a 24 grados como temperatura óptima y de 6 a 8 horas diarias de mojado foliar) le puso el freno de mano a su avance. Ayudó una notoria sequía que golpeó al norte del país hasta bien entrado el 2005, aunque finalmente la enfermedad llegó inclusive hasta el centro de Buenos Aires, pero cuando los cultivos ya se habían cosechado o estaban en un estado muy avanzado, lo que debilitó su impacto.

Este año, habrá que ver qué sucede. Pero los productores, asesores y técnicos se preparan, para que un posible avance no los encuentre con la guardia baja.

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