Los eslabones de la cadena.
En un crecimiento sostenido, el sector puede generar polos productivos regionales con aptitudes para la creación de nuevas fuentes de trabajo...
Históricamente Argentina se ha caracterizado por ser un país con claras ventajas comparativas en su producción agrícola-ganadera, al disponer de una amplia disponibilidad de suelos fértiles, agua y clima adecuado.
Este posicionamiento favorable, proyecta al sector como uno de los ejes de la recuperación económica. Basando su fortaleza en dos aspectos fundamentales para un desarrollo equitativo: provisión de alimentos y posibilidad de generar empleo en el interior del país, que además favorezca el asentamiento territorial.
Sobre el primer aspecto se destaca su condición superavitaria, que lo coloca potencialmente, entre los proveedores de alimentos más importantes del mundo. Abriendo una senda de crecimiento de sus exportaciones tanto en volumen como en valor.
En relación al asentamiento territorial, el Censo Nacional Agropecuario de 2002 nos mostró que existen 333.533 establecimientos agropecuarios, cifra inferior a los más de 400 mil medidos por el operativo censal realizado en 1988.
El total ocupado es de 175 millones de hectáreas; el 50% de las explotaciones se incluyen en un rango que va de 25 a 500 has y el 75% están en poder de sus propietarios, en un marco de mayor difusión del arrendamiento rural.