Los eslabones de la cadena.

En un crecimiento sostenido, el sector puede generar polos productivos regionales con aptitudes para la creación de nuevas fuentes de trabajo...

17deSeptiembrede2005a las07:17

Históricamente Argentina se ha caracterizado por ser un país con claras ventajas comparativas en su producción agrícola-ganadera, al disponer de una amplia disponibilidad de suelos fértiles, agua y clima adecuado.

Este posicionamiento favorable, proyecta al sector como uno de los ejes de la recuperación económica. Basando su fortaleza en dos aspectos fundamentales para un desarrollo equitativo: provisión de alimentos y posibilidad de generar empleo en el interior del país, que además favorezca el asentamiento territorial.

Sobre el primer aspecto se destaca su condición superavitaria, que lo coloca potencialmente, entre los proveedores de alimentos más importantes del mundo. Abriendo una senda de crecimiento de sus exportaciones tanto en volumen como en valor.

En relación al asentamiento territorial, el Censo Nacional Agropecuario de 2002 nos mostró que existen 333.533 establecimientos agropecuarios, cifra inferior a los más de 400 mil medidos por el operativo censal realizado en 1988.

El total ocupado es de 175 millones de hectáreas; el 50% de las explotaciones se incluyen en un rango que va de 25 a 500 has y el 75% están en poder de sus propietarios, en un marco de mayor difusión del arrendamiento rural.

Sin embargo, en un plano de crecimiento sostenido, el sector puede generar polos productivos regionales con aptitudes para la creación de nuevas fuentes de trabajo, impulsando además de la baja de la tasa de desempleo, una reversión del flujo migratorio del campo a las ciudades.

En el período post-devaluación y en coincidencia con el aumento de los precios de los granos, se comenzaron a elaborar en ámbitos técnico—comerciales, proyecciones sobre el aumento de su producción, perfilándose escenarios de cosechas para fines de la década, superiores a los 100 millones de toneladas.

Estrategia

Estos trabajos promueven la discusión de un plan estratégico de crecimiento del sector. En donde se aborden aspectos inherentes a las metas productivas propuestas, y a los cambios que deberían registrarse en cada uno de los eslabones de las cadenas, involucradas en el movimiento y el procesamiento de los granos.

Aunque las consideraciones estratégicas no deben acotarse sólo a estos items, que se asocian exclusivamente al objetivo de aumentar la producción de granos.

Debemos tener en cuenta otros escenarios vinculados, como: condiciones medioambientales, vulnerabilidad comercial, impacto sobre el empleo, asentamiento rural, desarrollo regional, etc. y que generen un sistema de producción agropecuaria sustentable en el largo plazo.

Contribuyendo a la discusión de estos puntos, en el ámbito de la Dirección de Mercados Agroalimentarios a mi cargo, estamos desarrollando líneas de investigación tendientes a analizar esos escenarios alternativos. Evaluando el impacto de los incrementos productivos en una amplia gama de cadenas agroalimentarias. Partimos de dos ejes básicos para la recuperación económica y social del país: las exportaciones y el empleo.

Las cadenas que se están estudiando son: Trigo, Maíz, Arroz, Oleaginosos, Poroto, Bovinos, Porcinos, Aviar, Lácteos, Cítricos, Cebolla, Papa y Algodón. Con el objeto de desarrollar un análisis comparativo se evaluaron los primeros eslabones de las mismas, es decir los que comprenden producción, acondicionamiento y destino (industria o exportación).

Del total de cadenas involucradas en el análisis, surge que las más competitivas en orden de importancia son los lácteos, el limón y las oleaginosas, con una participación creciente en el comercio mundial.

Los mercados más dinámicos son limón, cebolla y oleaginosas; aunque es importante destacar que en la mayoría de los casos el índice de dinamismo pa

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